El agua de la canilla, que bebíamos a discreción, de un día para otro dejó de ser confiable; algunas enfermedades con nombres raros que antes casi ni se estudiaban en las facultades de Medicina empezaron a difundirse en forma alarmante; incluso, inesperadamente, este año los lapachos florecieron en julio cuando antes debíamos esperar hasta septiembre para arrobarnos contemplando sus frondas engamadas con sus mantos violáceos.
LOS LAPACHOS FLORECIERON EN JULIO
Al principio se trataba de inquietudes casi abstractas de jóvenes aburridos, al menos esa era la percepción de la mayor parte de la sociedad frente a los incómodos reclamos que planteaban quienes cuestionaban los usos habituales de las cosas de la naturaleza.
–Para que reclaman, si toda acción humana contamina y el hombre debe dominar la naturaleza y ponerla a su servicio– esa era la idea predominante en la mayoría de las personas.
Pero las cosas fueron cambiando a un ritmo mayor que el imaginado, por las crudas evidencias cotidianas.
El agua de la canilla, que bebíamos a discreción, de un día para otro dejó de ser confiable; algunas enfermedades con nombres raros que antes casi ni se estudiaban en las facultades de Medicina empezaron a difundirse en forma alarmante; incluso, inesperadamente, este año los lapachos florecieron en julio cuando antes debíamos esperar hasta septiembre para arrobarnos contemplando sus frondas engamadas con sus mantos violáceos.
Al principio la naturaleza comenzó a alterar sus ritmos por causas que parecían aleatorias, hasta que se vio que no eran singularidades eventuales sino señales inequívocas de los cambios que están ocurriendo.
Hace pocos años, al inicio de la actual gestión de gobierno provincial, Fundavida dio la alarma acerca de los planes que tenía YPF de perforar en nuestra provincia buscando hidrocarburos.
Pedimos y obtuvimos una entrevista con el entonces novel gobernador y en ella se nos garantizó que antes de tomar cualquier iniciativa al respecto, por su significación, se haría una consulta popular.
Entre el petróleo y el agua existe una incompatibilidad esencial, todos tenemos claro que sin el petróleo se puede vivir porque existen alternativas a él para generar energía, pero todos también sabemos que sin agua no hay vida, no existe ninguna alternativa a ella y aquí en Entre Ríos y las provincias aledañas custodiamos la mayor reserva de agua dulce del planeta: el Acuífero Guaraní.
Inmediatamente de planteado, la sociedad tomó el tema, en la capital provincial por iniciativa de un Proyecto de Extensión de la UNER, Por Una Nueva Economía, que dirige el profesor Luis Laferriere se organizó una coordinadora para aunar fuerzas en la defensa de los acuíferos provinciales.
En la costa del Uruguay, por la dinámica adquirida en la lucha contra las pasteras en el Río homónimo, las asambleas ciudadanas tomaron el tema y con gran energía comenzaron a luchar para preservar la calidad de nuestros acuíferos, especialmente las Asambleas Ciudadanas de Concepción del Uruguay y de Concordia.
En estos días un grave incidente ocurrido en Concordia reveló que las concepciones que intentan defender la naturaleza y el ambiente se han difundido aceleradamente en la sociedad.
Un grupo de valerosos vecinos de Concordia que forman parte de la Asamblea Ciudadana de Concordia bloquearon con sus cuerpos el paso de equipos destinados a la exploración de lo que eufemísticamente llaman yacimientos de hidrocarburos no convencionales, en buen romance: Fracking, que es la más brutal de las formas de extracción.
Esta vez la repuesta de las autoridades fue una brutal represión a los manifestantes que fueron golpeados y detenidos por su acción.
Lejanos los tiempos en que se nos garantizaba que se consultaría a la ciudadanía antes de dar cualquier paso en estos temas, en vez de consulta hubo palos, demostrando claramente dos cosas, una mala y una buena.
La mala es la verificación de que los poderes constituidos tienen un discurso edulcorado y amable para distraer a los ciudadanos que advierten y se comprometen en la defensa de la naturaleza, que no dudan en cambiar al áspero lenguaje de la represión cuando se trata de defender los brutales intereses económicos que impone esta sociedad de consumo que cotidianamente se fagocita sus propias entrañas, en un destino de autodestrucción cada vez más claro de observar.
La buena es que la sociedad se va haciendo cada vez con más fuerza cargo de estos temas, que las organizaciones sociales en la defensa de la naturaleza y el ambiente crecen y se multiplican, que sus militantes demuestran cada vez más coraje y esclarecimiento.
Las luchas sociales poco a poco se van trasladando de escenarios de debates filosófico-ideológicos hacia territorios donde se dirimen dos actitudes frente a la naturaleza y la vida, donde hay que optar entre luchar por un mundo en el que todos los seres vivos actúen en armonía y consonancia con el planeta o tomar el camino sin destino de su destrucción.
Usted tendrá que elegir, no podrá permanecer indiferente en esta cuestión en la que se va nuestro futuro y el de quienes nos sucedan.
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