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YA ES UNA LOCURA

 

Atribuyen a Albert Einstein la frase de que es una locura insistir siempre en lo mismo, esperando otros resultados. Casi siempre es cierto, aunque algunos hablen de la perseverancia y de la gota de agua horada la piedra para querer demostrar lo contrario.

Y me vino a la mente esta semana pasada al leer las declaraciones del Presidente de la delegación uruguaya ante la CARU (DUCARU), en varios diarios y portales de su país. No aportó absolutamente ninguna novedad ni claridad a lo que pasa con el  ya desgastado monitoreo. Hizo lo de siempre, confirmó lo que negaba hace unos meses, y encontró nuevos métodos de dilatar y masacrar la inalcanzable medición continua.  Todo el arte de la manipulación y la diplomacia.

Por ejemplo encontró un excelente argumento para evitar que las pantallas públicas, prometidas en conferencia de prensa por los presidentes de ambos países  sean puestas en marcha, ya que según su conclusión, el exhibir cálculos másicos es algo científico, y no para la gente común. Si así fuera, la gente notaría que el excedente está ajustado al efluente de una ciudad de 238.000 habitantes (en algunos casos como fosforo y nitrógeno), y en su divulgación “hay una clara intensión de influir psicológicamente en la población”.  Y esto es inaceptable para el Uruguay.

De 56 datos acordados para controlar la pastera en principio, hasta hace dos meses solo se lo hacía con 26. Al resto le faltaba colocación de elementos, falta de acuerdos del plenario en parámetros para instruir al comité científico binacional, etc.

Pero no todo es mérito de los funcionarios uruguayos.  Ausencias importantes se hacen sentir cuando estas cosas quedan en evidencia. El Gobernador Urribarri para este tema solo tiene algunas palabras como de cruce, sabiendo sobradamente que es quien tiene la llegada directa al poder central, y que una postura clara de su parte, abriría un nuevo debate sobre el tema a niveles presidenciales.   No quiere hacerlo, nunca le gusto el movimiento de Gualeguaychú.  El secretario de ambiente Raffo hace lo suyo. Desde hace un año duerme en sus envoltorios la boya multiparamétrica a instalar en la desembocadura del Río Gualeguaychú, gemela de otra que debe cumplir la idéntica misión de controlar de forma continua el emisor del efluente de UPM.  Esto a dado argumento a la delegación uruguaya, que al no avanzar la de E. Ríos, sostiene que las dos al mismo tiempo. Argumento de Raffo: no se compro el equipo adecuado, la manguera es corta, falta la balsa, se detienen embarcaciones por la cercanía del puesto de Prefectura boca y puede haber combustible, etc.  Un año.  Treinta y un millones quinientos treinta y seis mil metros cúbicos de agua llenas de vida fueron depredados por Botnia en ese período.

En abril de 2010 se hizo público el Fallo de la CIJ. Entre junio y octubre de ese mismo año se comenzó a diseñar y desplegar lo que debía llevarnos a un monitoreo continuo y público. Y nada de esto ha pasado, ni tiene posibilidades de que pase. La ausencia de masa crítica y el alejamiento del peligro social, colocaron nuestras carpetas en el último cajón. Los que llevan adelante por parte de la delegación argentina están desbordados por la exitosa tarea de sus pares uruguayos en la defensa y cobertura a UPM,  y la falta de respaldo de sus jerarquías de cancillería y presidencia es más que evidente.

La delegación argentina, que si bien pudo tener coherencia en hacia donde se quería ir, no logró frenar que los actores externos aliados a locales  hicieran frente común en el caso de la hidrovía, que paso a paso demuestra que se nos viene,  por empuje de varios intendentes y lobistas de esta orilla,  no dejando espacio siquiera la posibilidad de uso como medio de canje por presión por un monitoreo real de UPM. Otros ejemplo son el fracasado tren de los pueblos libres, o los acuerdos por prospecciones petrolíferas con Ancap, etc.

Y más que nunca vuelvo a Einstein, y si puede algo cambiar.  Indudablemente que no.  Este mecanismo está agotado, pero no significa que todo lo esté.  Hay que abrir la cabeza y pensar nuevas formas.

Por ahí, a treinta meses del fallo de La Haya, ya va siendo hora de decirle al alto tribunal que no solucionó nada, al contario. Que dejo el problema peor que lo que estaba. Que negó justicia a ambos países. Que mantiene al pueblo de Gualeguaychú en una tensa desesperanza. Que solo fallaron para la visión del poder globalizado. Que están llevando a las sociedades a límites extremos de abandono. Y que (si bien no confío), deberían hacerse cargo del monitoreo, dado que la buena fe que pidieron no existe, como no existió en las etapas previas tal cual juzgo. Es solo una idea. Debe haber muchas.

Porque lo actual, es seguir gastando recursos solo para escuchar a lenguaraces de Botnia, sus lobistas en hidrovía,  exclusa, etc.,  diciendo que no contamina, mientras nuestro gobierno camina  enredado entre el abandono y su falta de convicción. Mientras tanto los proyectos para acentuar la destrucción del Río Uruguay avanzan sin pausa.

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