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TRANSGÉNICOS: NO SOLO PELIGROSOS PARA LA SALUD.

 El modelo de Agricultura Industrial impulsado por las multinacionales alimenticias, también conocido como el de agronegocios no está definido en plenitud si hablamos solo de los productos transgénicos porque es mucho más que eso.

 

TRANSGÉNICOS: NO SOLO PELIGROSOS PARA LA SALUD.

Los Ogms. –organismos genéticamente modificados- son apenas un instrumento de un modelo que apunta más allá que a vendernos semillas y productos químicos: el objetivo central es la creación de un sistema de producción de alimentos global controlado por muy pocas empresas supranacionales con todo lo que esto implica, como ser la destrucción de las culturas regionales para imponer un modelo único controlado por estos centros de poder.  En definitiva un nuevo orden social planetario administrado por minorías que no titubean cuando se trata de manipular la vida y el destino de miles de millones de seres humanos.

La soberanía alimentaria según FAO es la facultad de los pueblo para decidir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria.  La protección del mercado local de los productos subsidiados que se venden más baratos en el mercado internacional, y contra la práctica de vender productos por debajo de los costos de producción para destruir economías más débiles.

Este  concepto colisiona frontalmente con la organización actual de los mercados agrícolas y financieros puesta en práctica por la OMC –Organización Mundial de Comercio-. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de producción y población agraria locales.

Todos los pueblos del planeta poseen sistemas alimentarios particulares adaptados a las posibilidades productivas de cada región y en este proceso desarrollan interactivamente con sus alimentos peculiaridades culturales que conformaron la identidad de cada uno de ellos.

La singularidad cultural está íntimamente ligada a las costumbres alimentarias y éstas a su vez están indisolublemente asociadas a la organización socioeconómica de sus prácticas productivas, a la comercialización y distribución del excedente social y al régimen de propiedad de los medios de producción de alimentos, esencialmente la propiedad de la tierra.

Todos los mitos construidos para imponer las semillas manipuladas genéticamente inventados por el marketing engañoso que las ha instalado han sido refutados científicamente en el último quinquenio en todo el mundo, a pesar de lo cual se siguen comercializando y desplazando de nuestra mesa a los productos naturales y regionales que conformaron durante siglos nuestra canasta alimentaria.

Ahora se sabe que los Ogms causan cáncer, enfermedades alérgicas y alteraciones graves en el sistema endócrino, entre otras razones porque la producción de alimentos transgénicos obliga a utilizar substancias químicas toxicas y venenos presentados como pesticidas y herbicidas.

Además estos cultivos rompen los equilibrios naturales y perjudican la biodiversidad provocando cambios irreversibles en los genes  extiendendose a las  plantas silvestres destruyendo los ecosistemas regionales.

Los cambios sociales impulsados por este modelo no son menos graves, en las dos últimas décadas han promovido el desplazamiento de millones de personas de los sistemas regionales a los cordones de miseria de las ciudades, han concentrado la tenencia de las tierras productivas en manos de especuladores financieros que solo están interesados en ganancias rápidas y no en la preservación de los recursos.

Y al eliminar las peculiaridades culturales regionales atentan contra la memoria histórica de los pueblos destruyendo su autoestima e imponiendo consecuentemente un modelo ajeno a las comunidades afectadas pretendiendo reemplazarlos por el modelo irracional de consumo que está llevando el planeta a su destrucción por el agotamiento, destrucción y contaminación de todos los elementos necesarios para la vida.

En nuestro país desde que ingresaron, con total impunidad y con la complicidad de las autoridades encargadas de estos temas se expandieron de tal manera que el investigador Andrés Carrasco definió lo que estaba ocurriendo como:…” el mayor experimento sobre seres humanos vivos realizado jamás en la historia” debido que se puso en práctica sobre treinta millones de hectáreas de la Pampa Húmeda y más de veinte millones de personas que viven en ella.

Hoy ya se sabe que envenenan, enferman, matan y destruyen las culturas locales, sin embargo hasta ahora no han sido extirpados de nuestra realidad y no lo harán si no tomamos todos acciones drásticas sobre ellos.

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