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TIEMPO DE HÉROES, TIEMPO DE CANALLAS

A partir de que el hombre imaginó la rítmica y sincrónica secuencia con la que pretende algo imposible como es medir el tiempo, comenzó una de las ilusiones más engañosas de la humanidad: pensar que conoce lo que en realidad es su mayor enigma.

Subió la apuesta luego permitiéndose efectuar análisis de la historia humana, siguiendo la flecha del tiempo, en forma consecutiva y secuencial, cayendo nuevamente en el espejismo de pensar qué porciones de la ordenada serie de segundos, minutos, días, siglos, etc. equivalían a iguales sumas de eventos y circunstancias.

Sin embargo no es así, porque la historia (habilitada por el omnipresente tiempo) tiene su propia cadencia, inherente a lo aleatorio de los eventos y sucesos que produce la naturaleza humana y de un universo signado por la entropía y no por el orden y la sincronía.

Basta recorrer la era antrópica para verificar esta afirmación de perogrullo, aunque tan difícil de percibir por muchos humanos.

Desde el fondo de los dias hasta apenas un par de milenios, la línea de la historia podría ser, por ejemplo, mas larga que la distancia de aquí ala Lunay en ese caso el tiempo que señalamos sería de apenas unos pocos metros.

Pero ni aún así la historia humana registrada en ese período podría ordenarse en una secuencia rítmica.

La instalación de la concepción propuesta por Jesús de Nazareth, que todos los hombres son iguales, terminó con decenas de milenios de orden social intrínsicamente autoritario.

Esta visión, donde la autoridad per-sé fue reemplazada por la autoridad divina, tuvo vigencia plena durante algo así como las dos terceras partes de los dos milenios señalados, para luego, por la acción de un modo de organización humana basado en nuevos y pragmáticos paradigmas, desatar un vértigo, desconocido antaño, de sucesos donde, por ejemplo, las guerras que duraban centurias pasaron a durar dias.

Hace apenas dos siglos, un austero clérigo anglicano, instalado en un mundo donde todavía los horizontes parecían infinitos y los escasos hombres solo eran la séptima parte del número que habita el planeta presente, Robert Malthus, intuyó un futuro desolador que hoy comienza a verificarse con una crudeza que por demasiado abrumadora es ignorada por la mayoría, con la misma actitud con que los distinguidos viajeros del Titanic, preferían disfrutar edulcoradas melodías a registrar la inclinación del buque que preanunciaba su inminente hundimiento.

Mientras el sabio se anticipaba dos siglos con sus visiones, la mayoría de sus contemporáneos comenzaban a gozar de las bonanzas de un recientemente inaugurado modo de producción de bienes que los multiplicaba como el vino en las Bodas de Caná, creando la ilusión de que todos finalmente podrían disponerlos a su antojo, Malthus advertía que, finalmente la raza humana se reproduciría en tal magnitud, que los alimentos no alcanzarían para sostenerlos a todos, preanunciando en consecuencia hambrunas, guerras y cataclismos.

Finalmente, la profecía de Malthus aparece hoy con toda crudeza sobre la línea del horizonte: por un lado, en apenas dos siglos, los humanos pasamos de ser1.000 a7.000 millones, y por la acción de los mercaderes devenidos en financistas, el mundo ya no da abasto para sostener el consumo propuesto por las enormes empresas que siguen ofreciendo sus bienes, alentando un consumismo irracional y sosteniéndolo ya no con la utilización de insumos reproducibles y regenerables, sino con la propia destrucción y agotamiento de las posibilidades del planeta, ante la indiferencia de una humanidad que prefiere seguir escuchando la orquesta, como los viajeros del Titanic, en lugar de tratar de evitar el naufragio.

Hoy los tiempos de la historia han adquirido un carácter vertiginoso, en apenas una generación más se habrán agotado las reservas de peces en el mar[1], susceptibles de ser explotados comercialmente, que actualmente proveen de proteínas al 40% de la población mundial que entonces ya no se podrán obtener.

En el mismo lapso de tiempo, una generación, habremos agotado la fertilidad de la PampaHúmeda[2], perdiendo no solo la posibilidad de exportar alimentos, sino de lograrlos para nosotros mismos.

Y sin embargo existen canallas que siguen impulsando estas políticas de destrucción de naturaleza, fertilidad y acuíferos narcotizados por la melodía que producen treinta denarios al ser sacudidos en sus corruptos bolsillos, conduciendo, como el flautista de Amelín, las multitudes al abismo.

 



[1] FAO Informe Alimentario 2011

[2] INTI  Dr. Enrique Martínez, presidente, SABER COMO pdf.

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2 Comentarios

  1. no estoy muy de acuerdo con la profecia de Malthus, si el agua y los alimentos fueran Un bien comun de la humanidad no habria hambre en el planeta

    • Precisamente, Malthus dijo lo que le ocurriría a la incipiente sociedada capitalista que en ese comento comenzaba su desarrollo a partir de la inaugurada Revolución Industrial, de este modo si el agua y los alimentos fueran un bien común, eso NO sería capitalismo y a Malthus no se le hubiera ocurrido anticiparse a los tiempos que vinieron.

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