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PINTA TU ALDEA Y PINTARÁS EL MUNDO

Quedan claros sus valores y su moral, aunque nos envenenen a todos, no piensan rever el objetivo que los moviliza: obtener toda la ganancia que puedan, lo más rápido que puedan al costo de lo que sea. 

PINTA TU ALDEA Y PINTARÁS EL MUNDO

500 - reunion

Dos décadas han pasado desde que el entonces Secretario de Agricultura, Felipe Solá, autorizó el ingreso del modelo de agricultura industrial sostenido en base al uso de agrotóxicos en nuestro país.    Sus razones para dar la autorización fueron los folletos de propaganda, sin traducir del inglés, con los que Monsanto promocionaba el uso de lo que entonces presentaban como una droga inocua para los seres humanos, que de tan lábil, apenas volcada en los cultivos desaparecía como por arte de magia : el glifosato.

Fueron necesarios veinte años y miles de millones de litros de agrotóxicos arrojados en nuestra naturaleza para que descubriésemos que en realidad la presentada como una droga inocua era una substancia cancerígena que se acumulaba en los suelos, acuíferos y seres vivos que tomaban contacto con ella, envenenando todo a su paso.

Al principio cuando se consultaba al sistema de salud provincial este respondía que no existían casos registrados de enfermedades derivadas por el uso químico en la agricultura.  Pero luego comenzaron a aparecer por todas partes personas afectadas por ellas y todos comenzamos a preocuparnos.

Hoy ya nadie duda de lo peligroso de estas substancias y del daño que han hecho y siguen haciendo.  Hasta la OMS –Organización Mundial de la Salud- , a pesar de estar atravesada por intereses económicos se ha visto obligada a declarar que el glifosato es probablemente cancerígeno

La pregunta de por qué se ha difundido tanto su uso tiene una respuesta sencilla: Porque aplicando herbicidas se puede sembrar a repetición los cultivos que dan ganancias en los mismos suelos, año tras año, sin tener que esperar períodos de barbecho.   Aunque de este modo se destruya le fertilidad y se envenene la naturaleza no es un tema que preocupe a los beneficiarios de este modelo que hemos dado en llamar de agricultura industrial.

El paradigma que organiza la sociedad moderna es la Ganancia y todo lo que conduzca a ella es bienvenido y se hace legal, aunque eventualmente no lo sea, por obra de las presiones de los lobbies que se benefician económicamente con estas prácticas.

Las evidencias ya son irrefutables y a eso hay que agregarle como agravante la irresponsabilidad con la que se aplican estas drogas.

Hasta ahora la resistencia social había sido espontánea y desorganizada, pero ahora las recaudos comienzan a ser impulsados por los municipios; en Gualeguaychú, al igual que en muchas otras ciudades, el Poder Ejecutivo Municipal envió al Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza para prohibir el uso de glifosato en el ejido municipal y ardió Troya, las entidades gremiales que agrupan a quienes son beneficiarios del modelo de agricultura industrial no quieren saber nada con la prohibición.   Es evidente que la salud de las personas y de la naturaleza local no forma parte prioritaria de su agenda.

Profirieron amenazas que desnudan con crudeza el pensamiento de los beneficiarios de este modelo:…” Si nos sacan el glifosato tendremos que ir a productos peores”.

Quedan claros sus valores y su moral, aunque nos envenenen a todos, no piensan rever el objetivo que los moviliza: obtener toda la ganancia que puedan, lo más rápido que puedan al costo de lo que sea.            Su ideología, aunque probablemente muchos lo ignoren, fue enunciada hace varios siglos por Nicolás Macchiavello, el inspirador del Mercantilismo, a quien se le atribuye afirmar que el fin justifica los medios usados para alcanzarlo.  En este caso el fin es obtener ganancias a costa de lo que sea, aunque ‘lo que sea’ sea la vida y el futuro de la especie a la que pertenecemos.

El debate recién comienza, pero ya se ha instalado en el centro de la escena, no es un problema local, es universal porque el modo de agricultura industrial se ha extendido a casi todo el planeta.  Como decía Tolstoi, pinta tu aldea y pintarás el mundo.

 

 

 

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