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LAS MIGAJAS DEL POSTRE -Un análisis imperdible del Fiscal Viana-

El Dr. Enrique Viana, es conocido en su país, Uruguay,  como “el Fiscal verde” por sus inflexibles posturas para defender del Ambiente y la Naturaleza

De convicciones visceralmente Artiguistas, sueña con la Patria Grande que imaginara el Caudillo, enfrentando como un quijote aggiornado los intereses que vienen a someternos y a los cómplices necesarios que les hacen aquí el campo allanado  para el avance de estos modelos nefastos.

Para FUNDAVIDA es un gran honor publicar este artículo que escribió para nuestra página

LAS MIGAJAS DEL POSTRE

Enrique Viana

Hay quienes entienden al Derecho Ambiental como un derecho de negociación o de transacción, y por ese camino andan aquellos que preferirían llamarlo Derecho al Desarrollo Sostenible. Y hay quienes todavía creemos en un Derecho Ambiental como un Derecho de orden público, de deberes y de límites o de umbrales infranqueables, sin excepciones, por esencia no negociable, inalterable para gobernantes y gobernados por igual. En ello reposa nada menos que la idea misma de República: que exista una res publicae, con reglas superiores, pétreas, inconmovibles, iguales para todos, no susceptibles de disposición o de ser sometidas al comercio de los hombres o a la discrecionalidad de la Administración Pública. Hoy la res publicae ambiental se halla en peligro de extinción. La protección ambiental ha pasado a ser moneda de intercambio o una simple ventanilla de la Administración Pública, por la que, quizás, haya que cumplir algún trámite de rutina y pagar algún peaje, pero nada más. Existen institutos jurídicos (Ordenamiento Territorial, Areas Protegidas, Responsabilidad Social Empresarial, etc.) que, día a día, ganan terreno en el Derecho Ambiental. Reconozco que una mayoría de juristas se apasionan por estos neotéricos instrumentos, que se muestran y que se venden a si mismos como la panacea para alcanzar los ansiados objetivos de la protección ambiental. Sin embargo, tal apasionamiento me hace recordar a la devoción de los troyanos por aquel caballo de madera, ingenioso ardid de Ulises, por el que sucumbieron. ¿Ud. no desconfiaría de quien, con gentileza y disimulo, por un lado, nos ofrece un variado stock de maravillosos antídotos para proteger nuestro medio ambiente, cuando –demostrado está- no lo supo cuidar en sus propias comarcas, y por otro, con la contaminación y la degradación ambiental al cuello, para aligerar su carga y responsabilidad, decide trasladarlas a nuestros países del Sur? Una suerte de neo-mercantilismo, por momentos, capitalismo prebendario, por otros, socialismo de mercado, u ambos a la vez, es el resultado de una nueva tranza o alianza que es contraída entre Estados débiles y Corporaciones Multinacionales (demás está decir) poderosas. Tales pactos, al tener al Estado como obligado principal, constituyen una novedosa y sutil modalidad de colonialismo. No se trata de aquel viejo colonialismo que los pueblos de toda América también supimos conocer. Esta vez, se trata de un colonialismo por actividad o por negocio en concreto, mediante el cual una empresa multinacional consigue para su actividad industrial una cesión de poder con una dualidad de objetivos propia de todo colonialismo: territorio y estatuto de excepción. Neocolonialismo o Colonialismo Siglo XXI. Al quedar  supeditado el Poder del Estado a ese nuevo interés superior, -el de las empresas multinacionales-, la Soberanía del Estado-Nación se debilita hasta desaparecer, y con ello, también sucumbe la protección del medio ambiente. Se verifica una situación cuasi-esquizofrénica. Se articula una privatización del poder público disfrazada de estatización o de intervencionismo. El resultado final deviene elocuente: Corporaciones Multinacionales con poder público. Un moderno Frankenstein. Contribuye a ello negativamente cierto internacionalismo que se embandera tras la frase “pensar globalmente, actuar localmente”. La misma tiene un corolario ruin: de alguna manera, parece estar invitando a “no pensar localmente”, a que no estamos capacitados para ello, o a que no es necesario hacerlo. La ausencia de un pensamiento jurídico autóctono es demostrativa de indefensión. La consigna parece ser a la contaminación la tenemos que recibir, y sin quejas, y, encima, para aliviársela a otros que se desarrollaron a costilla de la misma. A los países de América del Sur parece que ya se les ha preadjudicado un destino, en una especie de Ordenamiento Territorial global … basurero.

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un comentario

  1. Grande Fiscal Viana!!! Fuerte abrazo y el pueblo consciente está con vos!!!

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