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LA NATURALEZA QUE NO FUE

Hace ya dos siglos, una epopeya libertaria, de independencia de los intereses coloniales tuvo lugar en nuestra región, liderada por José Gervasio Artigas, sus postulados adelantaban tanto a su época que aún hoy serían resistidos y denostados por los continuadores de quienes fueron responsables de abortarla, cuyo herederos siguen todavía la historia.

LA NATURALEZA QUE NO FUE

En aquel entonces ya se habían perfilado los dos grupos que colisionarían durante dos siglos, en una confrontación que permanece vigente en nuestra historia, agiornada convenientemente en cada período para adaptarse a los nuevos patrones que cada momento de la coyuntura internacional nos reserva para saquearnos y someternos a sus intereses.

España, en su decadencia había perdido la posibilidad de mantener el control de su imperio colonial, su plan durante los primeros tres siglos de dominación había sido el saqueo inmisericorde de los territorios dominados, en base al exterminio de las poblaciones locales, que en el caso de Sudamérica había pasado de sesenta millones de personas a fin del siglo XV, a menos de nueve millones un siglo después.

Inglaterra, liderando la nueva era que se iniciaba con lo que se dio en llamar la Revolución Industrial, patrullaba el planeta con su flota buscando materias primas para su industria y mercados para sus productos.

El Río de la Plata se le hacía fácil, aquí no había como en otros territorios una población nativa abroquelada en la defensa de los intereses locales sino una dicotomía que le permitiría a su diplomacia, tal fue su especialidad durante siglos, poner los unos contra los otros para gobernar a través de las sombras e imponer sus designios.

Por un lado el interior con sus regionalidades donde se mezclaban los pueblos nativos, los mestizos, y los criollos que se habían enraizado en estas pampas hasta el punto de sentirlas propias y dignas de ser defendidas con su sangre.

Por otro, los que se habían apropiado del control de la puerta de ingreso a esta inmensidad territorial, el puerto de Buenos Aires, y se habían engolosinado con la posibilidad de vivir de rentas, cobrando peaje a todos aquellos que quisieran internarse al interior del territorio a efectos mercantiles.

Los mercaderes del puerto, que se habían enriquecido en la administración de éste, el mejor negocio de la región por aquellos tiempos, no estaban dispuestos a ceder sus privilegios a los caudillos del interior profundo que reclamaban por su independencia y autodeterminación y por el contrario no tenían problemas en articular con los intereses de afuera, ahora eran los de Inglaterra, intereses que ellos habían servido a través del contrabando introduciendo los productos desarrollados por la industria inglesa para el consumo local.

Esa era la ideología que los inspiraba, la de enriquecerse como socios locales de quienes quisieran venir a explotarnos, despreciando al interior, considerándolo como un territorio para ser sometido.

Estos no eran los planes de Artigas y quienes lo acompañaban en su epopeya, ellos soñaban con una Confederación de Pueblos Libres, integrada por territorios reunidos federalmente en un plano de igualdad soberana, sumando en su confederación a los pueblos originarios en un plano de absoluta igualdad.

Artigas adelantaba siglos con sus ideas revolucionarias, en esa época los colonizadores europeos ni siquiera daban estatus humano a los pueblos nativos, ‘seres silvestres del monte’ llamaban a las etnias guaraníes de Paraguay y los cazaban y asesinaban como animales para robarles las tierras, mujeres, territorio y esclavizarlos.

Artigas los instalaba en un plano de igualdad, y había nombrado como su lugarteniente a Andrés Guacurarí, emblemático miembro del pueblo guaraní.

Y lo que era la afrenta mayor, inconcebible e inaceptable para los saqueadores y sus socios, que las tierras productivas debían ser para quienes las trabajaban y que deberían ser confiscadas las tierras en manos de los ‘malos europeos y peores americanos para ser distribuidas entre ‘los negros libres, los zambos, los indios y los criollos pobres, las viudas pobres si tuvieren hijos, prefiriendo los casados a los americanos solteros, y estos a cualquier extranjero’.

El pasado 29 de junio se conmemoraron los doscientos años del Congreso de los Pueblos libres qu se celebró en Concepción del Uruguay (arroyo de la China), congreso que fue finalmente traicionado por influencia de los intereses portuarios que impusieron un año después su propio congreso que comenzó en Tucumán y cerró, como era de esperarse en Buenos Aires.

Como siguió la cuestión es conocido, los unitarios tomaron el control de nuestra historia imponiendo su modelo de expoliación de recursos naturales concentración y enajenación de la riqueza.

Otra sería la realidad de la naturaleza en nuestro territorio si se hubiesen impuesto las normativas del Congreso de los Pueblos Libres.

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