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FUKUSHIMA MON AMOUR


Si por un momento dejáramos de refugiarnos en los lugares comunes que nos proveen falsa seguridad en nuestras vidas sentiríamos un vacío tan grande que el mundo se tornaría insoportable para la mayoría de nosotros.

“A mi no me va a ocurrir”,”aquí no pasan estas cosas”,”las probabilidades son menos que mínimas”….

La lista podría seguir hasta el infinito, y a fines de nuestra reflexión le podríamos agregar y combinar los mitos que también cotidianamente condicionan nuestras opiniones, entre los que probablemente tendrían un lugar destacado nuestras expectativas respecto de las soluciones que nos ofrece la tecnología para los problemas actuales y futuros de la humanidad.

Las formas de obtener energía han sido discretamente exploradas en los últimos tiempos, al aumentar el trescientos por ciento la población mundial en el último siglo lo que ha significado un incremento sideral de todas las demandas humanas, entre ellas la energética.

De tal modo estamos consumiendo en un par de generaciones toda la energía acumulada en esta enorme batería solar que es la tierra, durante millones de años.

La consigna en esta búsqueda ha sido: cada vez mas hondo/cada vez mas lejos, para los combustibles fósiles.            Cada vez más grandes las usinas hidroeléctricas; y cada vez más cantidad cuando hablamos de las nucleares.

Pero si consideramos los hechos de la historia reciente veremos que la mayoría de los desarrollos tecnológicos que nos están destruyendo y/ó envenenando en la actualidad son consecuencias de los estímulos a la investigación que provocaron las dos guerras mundiales del siglo pasado por el afán de los países beligerantes de obtener mas y mejores formas de matar a los hombres del otro bando durante las contiendas.

Pasado el conflicto, las empresas que habían obtenido ganancias fabulosas vendiéndoles sus productos de la muerte a los países involucrados,  “reciclaron” sus mortales estrategias y siguieron haciendo sus negocios, siempre a costa de vidas humanas.

El caso paradigmático es el de las prácticas agrícolas, que en términos de una generación se transformaron de orgánicas en químicas, provocando una eclosión de nuevas enfermedades humanas, que para estas empresas fueron también, a partir de entonces, oportunidades de negocios, el caso emblemático es el de la empresa alemana BAYER que por un lado recicló venenos mortales en presuntamente “inocuos agroquímicos” como por ejemplo el Endosulfán (prohibido en el mundo entero, pero que aquí sigue envenenando nuestros alimentos gracias a la complicidad criminal de SENASA), y por el otro nos bombardea con su farmacopea que cínicamente promueve con el slogan: Si es Bayer, es bueno.

Pero en estos días un suceso en desarrollo, de imprevisibles y dramáticas consecuencias, esta comenzando a alarmar a los expertos en mucha mayor medida que todos los flagelos heredados por estos presuntos desarrollos científicos puestos al servicio de un hipotético progreso de la humanidad.

Y esta ocurriendo precisamente en el país que mas sabe de las consecuencias del uso de la energía nuclear: Japón; precisamente en su territorio y con sus ciudadanos, EEUU puso en práctica la experimentación de infames armas de exterminio masivo basadas en esta energía para la destrucción, hasta entonces desconocida.

Una ves terminada la guerra, al igual que como tantas otras cosas, esa capacidad mortal se transformó en una aparente panacea para las demandas energéticas de la humanidad.

“Energía para la Paz” nos engañaba el tramposo que nos informaba que esa arma de exterminio masivo se reciclaría en una fuente inagotable de limpia y sana energía.

Hasta que ocurrió Fukushima, anteriormente Chernobyl había sido atribuido (siempre con el auxilio de los lugares comunes) a la decadencia del imperio soviético.

Pero Fukushima esta en Japón, donde viven los campeones de la tecnología y la seriedad científica, etc., etc.

El desastre allí ocurrido en lugar de menguar, cada vez se agigante más, los evacuados ya superan 100.000, pero ahora se conoce que la radiación esta llegando a Tokio, la ciudad mas poblada del mundo y lo que podrá ocurrir aterra a toda la humanidad.

Las pérdidas económicas ya superan los veinte mil millones de dólares, con los que se podrían haber construidos molinos eólicos que hubiesen duplicado la capacidad de generación de la central siniestrada.

Atucha I mas Atucha II y ahora se habla de Atucha III ¿Alguien se imagina lo que podría ocurrir estando estas a pocos KM de Buenos Aires, Rosario (y porque no, Gualeguaychú).

Cuando encomendaron al director Francés Alain Resnay,  dar testimonio de la bomba caída en Hiroshima, el finalmente no se sintió con capacidad de hacer un relato cinematográfico del horror que veía, entonces filmó una historia de amor cuyo nombre inspira el título de esta nota.

Ahora ha llegado el momento de preguntarnos quién filmará Fukushima Mon Amour y esperemos que nunca nadie se plantee hacer Buenos Aires Mon Amour.

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