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EL PRESENTE SE PUEDE EXPLICAR MIRANDO EL PASADO

Europa fue primero a la Modernidad y luego a la Revolución Industrial, impulsando un modelo que tuvo un enorme éxito en el desarrollo tecnológico y la obtención de bienes materiales,  priorizando la acumulación a costa de la destrucción de la naturaleza y la distribución desigual de los bienes obtenidos.

EL PRESENTE SE PUEDE EXPLICAR MIRANDO EL PASADO

Los trágicos hechos de París generan angustia por el futuro de la humanidad.     La intolerancia y ferocidad del atentado perpetrado incitan respuestas equivalentes que desatarían una espiral de violencia con un único destino: transformar el planeta en una hoguera.

Mientras tanto la prensa, explica la barbarie desde los prejuicios que la provocan, los analistas occidentales miran los perturbadores sucesos desde una perspectiva que paradójicamente ha sido la que los ha generado, alimentando escenarios de odios irreconciliables. Hablan de los valores superiores que la humanidad ha acordado en el mundo occidental y cristiano, responsabilizando de lo que sucede a los que juzga como antivalores cultivados en el resto del mundo, especialmente el musulmán.

Desde ese sitial comenzaron a mirar al mundo con aire de superioridad, viendo al resto del planeta como un territorio habitado por culturas inferiores, disponible para ser avasallado.     Nunca asumieron que para lograr la acumulación que posibilitó la era industrial saquearon económicamente, destruyeron políticamente y esclavizaron  a los pueblos fuera de sus fronteras, especialmente África, América del Sur y vastas extensiones de Oriente.

En América del Sur España y Portugal en el siglo XVI destruyeron la estructura geopolítica, robaron sus tesoros, saquearon su naturaleza y asesinaron en forma directa o a través del trabajo esclavo al noventa por ciento de la población local, que pasó de sesenta millones de personas a menos de diez en solo un siglo.

Los tesoros robados fueron redistribuidos a través de la piratería en todos los países de Europa.                  Ésta posteriormente, en los siglos XIX y XX envió aquí sus excedentes poblacionales a trabajar como agricultores para cultivar los alimentos necesarios para sostener los salarios bajos de su mano de obra industrial y de paso profundizar el saqueo de nuestros recursos naturales.

La misma receta para Oriente y África: con una crueldad que nada tenía que ver con sus autoproclamados valores occidentales y cristianos, los invasores entraron a sangre y fuego asesinando masivamente a los nativos,  esclavizando o sometiendo en regímenes serviles a los sobrevivientes.

Las culturas de esos territorios fueron avasalladas y despreciadas como inferiores,  destruyendo sin remordimientos las formas ancestrales de resolver sus vidas.

Desde entonces los bienes primarios y recursos naturales de todo el planeta han viajado a estos países del norte rico, que se autoproclaman custodios de los mejores valores de la humanidad, para alimentar su modelo de sociedad basado en el consumismo insostenible que nos está destruyendo.

Pero en el último siglo han comenzado a recibir consecuencias no deseadas porque millones de inmigrantes de las sociedades saqueadas y subordinadas políticamente, se trasladaron a Europa, huyendo de las realidades políticas agobiantes que ésta provocó en sus países durante los períodos coloniales, siendo recibidos  en el continente como ciudadanos de segunda, destinados generalmente a tareas servicio.

Sus culturas nunca fueron consideradas en el mismo status que las europeas, el inevitable resultado de estas políticas es el resentimiento profundo y el fanatismo religiosos que provoca el horror que todos sentimos ante la violencia creciente que está invadiendo el planeta.

 Centenas  de voluntarios nacidos en Europa, muchas veces segregados por ésta en guetos, vuelven a Oriente y se suman  a estas milicias inspiradas en una versión integrista y arbitraria del Corán, tal la historia de Bin Laden o del Ayatollaa Ruhollah Jomeinii, hijos de inmigrantes coloniales, refugiados económicos y políticos que han crecido sufriendo el menosprecio cultural y la subordinación servil, lo que les ha provocado este resentimiento feroz que está detrás de estas matanzas brutales.

Persistiendo en la visión de superiores/inferiores en lugar de: diferentes Occidente continuará alimentando las razones que generan esta violencia extrema que hoy nos horroriza.

Nosotros aquí, que somos tan poco ejemplo de tan pocas cosas, sin embargo podemos dar fe con hechos que la convivencia multicultural es posible, nuestros antecesores llegaron aquí desde todos los confines,  a hacer la América, integrándose todos con todos,  demostrando que solo un diálogo inclusivo, ecuménico y una revisión de nuestros paradigmas que devengan en modelos sustentables y equitativos de uso de los recursos planetarios podrá orientar a la humanidad hacia destinos de paz e inclusión

 

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