EL DÍA ANTES DEL DÍA DESPUES

El debate lo instalan como una aparente controversia entre ‘ecologistas’ y’ el campo’, presentando a los ecologistas como zurdos resentidos con ganas de molestar a el campo (como a ellos les gusta autoreferirse), un colectivo que, como tal no existe, al que proponen como un conjunto de sacrificados protohéroes,  que sostienen con su esfuerzo a toda la sociedad, integrada por vagos, planeros y toda clase de actores estériles que viven de chuparles la sangre y hacerles la vida difícil.   Aunque en realidad en su inmensa mayoría son rentistas ociosos que se pasan la vida mirando en el diario de ayer el precio de la soja en Chicago, y el del dólar blue en el mercado negro, calculando cuanto dinero les falta para renovar la Hilux, porque a la Raptor no llegan. 

En todo caso el campo,  si existiera como grupo social no serían ellos, sino los actores intencionadamente ausentes de esta historia, los miles de pequeños productores rurales que a lo largo y ancho del país defienden  los genomas de nuestros alimentos ancestrales, proveyendo a las mesas más humildes, protegiéndonos a todos de los embates de las multinacionales que pretenden apropiarse y  ‘patentar’ sus semillas para luego cobrarles royalties absurdos por usarlas y de paso obligarlos a comer la basura envenenada que nos imponen.

Un reduccionismo interesado que apunta a desvirtuar la verdadera naturaleza del problema.       En realidad el conflicto es simplemente una cuestión de intereses económicos entre las grandes compañías químicas globales, por un lado, y por otro, los seres humanos que no nos resignamos  a consumir substancias que nos son presentadas como ‘alimentos’ pero que en realidad son trampas mortales para la vida y la naturaleza. Empresas que han encontrado en estos integristas de las fumigaciones la carne de cañón perfecta para mandarlos al frente y que corten rutas, amenacen de muerte, y desparramen insultos y amenazas sobre quienes queremos dejar de comer venenos, cuestionando su rentabilidad inmoral, obtenida a costa de todo y de todos.

Esto es muy difícil de comprender por quienes ‘no comprendiendo’ ganan dinero a costa de lo que sea y solo se movilizan cuando les tocan la única víscera que tienen conectada a su sistema límbico: el bolsillo. Por esto nos permitiremos un poco de historia:

¿CUANDO COMENZÓ LA AGRICULTURA?

De acuerdo a los vestigios hallados en las civilizaciones antiguas la práctica de la siembra y la cosecha comenzó hace aproximadamente diez mil años, luego de la última glaciación, aunque a medida que se avanza en las investigaciones, la fecha se corre, siempre hacia atrás.

¿CUANDO COMENZÓ LA AGRICULTURA INDUSTRIAL EN BASE A AGROTÓXICOS?

Fue después de la primera Guerra  Mundial, cuando las convenciones internacionales prohibieron  el uso de gases venenosos como armas y las compañías químicas que los diseñaban y fabricaban vieron que como servían para matar humanos, también podrían para matar ‘bichitos’ y allí comenzó el desastre.

SEGÚN ELLOS ‘LAS MATEMATICAS FALLAN’: 1 ES MÁYOR QUE 99

Tomamos la cifra de 10.000 años, o sea cien siglos porque ayuda a la comprensión al ser una cifra redonda.

De los cien siglos en que hemos consumido alimentos cultivados por la agricultura, en 99 de ellos hemos recibido alimentos no contaminados, provenientes de prácticas de cultivo sustentables, que han garantizado la alimentación de 4.000 generaciones sucesivas de seres humanos, entre otras razones porque la forma de producirlos garantizaba la preservación del recurso fertilidad.

Este círculo virtuoso de 10.000 años fue interrumpido abruptamente el siglo pasado cuando el matrimonio putativo entre el capital sin alma y los perversos criminales que diseñaban (y diseñan) los venenos para matar seres humanos, consumaron su alianza, engendrando el mayor monstruo que haya conocido jamás la historia humana: los elementos a los que ellos llaman ‘alimentos’ y que en realidad son engendros manipulados genéticamente para que puedan portar y soportar sus malditas pócimas.

O sea que la agricultura química en una línea de tiempo es un punto insignificante en una larga y virtuosa recta, y solo se ha empleado en el 1% de la historia de la civilización (menos de un siglo) mientras que la agricultura sustentable lo ha sido en el 99% (99 siglos). De este modo se hace evidente que es una falsedad grosera sostener que sin la agricultura en base a venenos no tendríamos alimentos porque en la mayor parte de la historia  humana resolvió este tema de la mejor manera posible, con la agricultura sustentable (y obviamente ecológica, por necesidad) porque no solo alimentó mies de generaciones que nos precedieron sino que preservó el recurso suelo para otras tantas que le sucedieron.

¿PORQUÉ LA AGRICULTURA QUÍMICA SE HA DIFUNDIDO TAN RÁPIDO’

Con el método tradicional de producir, los cultivos deben alternarse para reponer nutrientes y morigerar el impacto de los insectos y hongos que los afectan, dejando incluso períodos sin cultivar los lotes, barbechos, para lograr un manejo sustentable y la recomposición del recurso fertilidad.

Con la agricultura química, mientras tanto, se puede cultivar a repetición sobre el mismo lote, la misma variedad botánica, hasta liquidar completamente la fertilidad, degradando los suelos hasta la categoría de estériles, lo que aumenta la rentabilidad inmediata para el que la utiliza, pero simultáneamente eliminando a futuro y definitivamente la posibilidad que la logren sus sucesores.

En el balance, los suelos sometidos a este tipo de agricultura (aunque los que saben dicen que esto no es agricultura sino minería)  se van degradando aceleradamente hasta volverse estériles, además de quedar envenenados por la cantidad de tóxicos y venenos  que han acumulado durante el tiempo al que fueron sometidos a la agricultura industrial. Substancias a las que ellos llaman graciosamente ‘fitosanitarios’ aunque no están diseñadas para ‘sanar las plantas’ sino todo lo contrario, para matarlas,  a las que nosotros llamamos agrotóxicos.

Con el método tradicional la rentabilidad es mayor y sostenible en el largo plazo, pero en el corto plazo al haber períodos de descanso o alternancia de cultivos con diferentes rentabilidades el ingreso acumulado inmediato es menor que en el modo de agricultura industrial.

Con la agricultura industrial basada en agrotóxicos, al poder hacer años tras año (hasta liquidar la fertilidad) el cultivo más rentable, por ejemplo soja, el agricultor acumula más rápidamente ganancias aunque a largo plazo estas no se sostengan e incluso, como es completamente previsible, desaparezcan.

¿PORQUÉ NO ESCUCHAMOS LO QUE DICE LA CIENCIA?

En la actualidad nuestros organismos de investigación como el CONICET o el INTA advierten que el modo actual de agricultura industrial está vaciando los suelos de materia orgánica, minerales y nutrientes en general y además cargándose con substancias tóxicas y venenos que auguran que en menos de dos décadas nuestra Pampa Húmeda será un desierto estéril y envenenado.

No queremos agobiar a nuestros lectores, así que entre miles de referencias y citas posible elegimos estas, como botón de muestra: Un estudio del INTA Casilda –Santa Fe– determinó que por cada carguero que lleva soja al exterior, se pierden miles de toneladas de nutrientes de los suelos argentinos; esos nutrientes, además, no son repuestos.  Para Fernando Martínez, jefe de esa unidad del INTA, “cada 40 mil toneladas de grano de soja se exportan hasta 8.700 de fertilizantes, de las que sólo se reponen el 37 por ciento”.  La especialista Graciela Cordone, también del INTA Casilda, detalló que en un barco cargado con 40.000 toneladas de soja se exportan 3.576 toneladas de nutrientes. Si la carga es de trigo, los nutrientes se cuentan por 1.176 toneladas y, en el caso del maíz, 966.

EL DÍA ANTES DEL DÍA DESPUÉS

Es evidente que actuamos como los danzarines del Titanic y aunque nos avisen que nos hundimos, mientras el agua no nos llegue a las suelas,  mejor hacernos los distraídos. Pero llegará el momento en que colapsará definitivamente la capacidad de los humanos de producir alimentos y las razones para que esto ocurra serán de nuestra exclusiva responsabilidad.

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