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EL CULTIVO DE CANNABIS TRAE TANTOS PROBLEMAS COMO LA SOJA

Mientras MONSANTO se prepara para competir con otras multinacionales semilleras para imponer su peligrosísima marihuana transgénica en Uruguay, en otras latitudes el cultivo de la polémica planta ocasiona los mismos problemas que los de soja aquí.

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El cultivo de cannabis daña el medio ambiente marroquí

El cultivo de cannabis en el Rif y en los valles mediterráneos de Marruecos ha dañado el medio ambiente, deforestando las montañas o secando y contaminando los acuíferos.

Pau Sisternas para efedigital

Uruguay aprobó recientemente la legalización del cannabis, con la idea de proteger la seguridad y la salud de sus ciudadanos. Estos son dos de los argumentos que suelen ponerse sobre la mesa cuando se habla de legalizar la marihuana, también para su uso terapéutico, pero nunca se habla de los problemas que causa al medio ambiente. Si el narcotráfico está desforestando América Central, Marruecos no es ninguna excepción y el cannabis está dañando gravemente el medio ambiente marroquí.

Hay dos grandes zonas en las que se cultiva cannabis, el Rif y los valles del Mediterráneo, y en ambas encontramos los mismos problemas: pérdida de la biodiversidad, aumento de la erosión de los suelos, tala de bosques, menos protección natural ante tormentas y un monocultivo, el cannabis -o kif, como lo llaman allí- mucho más rentable que otros cultivos como la patata o los tomates que hacen que los pueblos de esas zonas dependan completamente de las importaciones para alimentarse.

Zonas como la región entre Chauen y Nador, a ambos lados del Rif, es donde más incidencia tienen los cultivos de cannabis, que se planta en primavera y se recoge estas primeras semanas del verano. Entonces se procesa en los propios campos convirtiéndose en hachís o resina de cannabis. La ONU no ofrece cifras sobre la producción, aunque si que sabemos que Marruecos es el primer productor mundial de hachís. Unas 90.000 familias campesinas viven de su cultivo en 47.000 hectáreas, tres veces menos que las 135.000 hectáreas de 2003.

Mohamed Andalusi empezó a luchar por la protección ambiental del Rif hace años al frente de la asociación ecologista Azir. Sin entrar a valorar su legalización o usos terapéuticos, Andalusi explica que el Rif es una zona muy accidentada, y que la búsqueda de nuevos terrenos cultivables acabó con los alcornoques en las zonas bajas y ahora va a por los alcornoques en las altas y medias. Además, la lluvia resbala sobre los montes, y arrastra piedras y barro a las poblaciones, causando graves y frecuentes inundaciones.

En cuanto a los 10 valles mediterráneos entre Oued Lau y Alhucemas, el cultivo del cannabis necesita mucha agua, lo que ha acabado secando los acuíferos. Además, la necesidad de una gran cantidad de fertilizantes ha contaminado los pocos acuíferos que no se han secado debido a la gran presencia de estos productos químicos. Los gendarmes marroquíes aparecen de vez en cuando y decomisan el cannabis o arrasan algún campo, lo que provoca disturbios, pero no sirve para atajar el problema ni en su vertiente social ni en la medioambiental.

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