Home / General / El Argentino de Gualeguaychú en una entrevista definitiva para conocer a Douglas Thompkins

El Argentino de Gualeguaychú en una entrevista definitiva para conocer a Douglas Thompkins

El Argentino de Gualeguaychú en una entrevista definitiva para conocer a Douglas Thompkins

“Estamos haciendo la donación de tierra más grande en la historia de la Argentina y eso no tiene nada que ver con la concentración”

Douglas Tompkins viene desarrollando con éxito una teoría económica: el ecolocalismo. Se trata de un nuevo paradigma en el que se involucra el conservacionismo, la restauración del entorno y la producción limpia en toda su integridad. Con una variante: dona grandes extensiones de tierras compradas a los propietarios privados al Estado para enriquecer el patrimonio de los Parques Nacionales.

 “Estamos haciendo la donación de tierra más grande en la historia de la Argentina y eso no tiene nada que ver con la concentración”

Por Nahuel Maciel
EL ARGENTINO ©
Tompkins recibió a EL ARGENTINO el domingo pasado en San Antonio, departamento San Miguel, en los Esteros del Iberá de Corrientes y dialogó sobre estos temas, pero también analizó por qué hay desconfianza sobre su proceder y contó que está haciendo “la donación de tierra más grande en la historia de la Argentina y eso no tiene nada que ver con la concentración”.
Además, adelantó que en Entre Ríos adquirió de manera exprofesa las tierras más degradadas que había en la provincia en materia de erosión y luego de un paciente trabajo “lo hemos convertido en uno de los mejores campo no sólo de Argentina sino también en uno de los mejores comparados con los que existen en Estados Unidos”.
Es un hecho que las funciones ambientales y sociales son a menudo invisibles y por eso no siempre se pueden apreciar en toda su magnitud sus alteraciones ya sea por monocultivo de exóticas, erosión del suelo, obstrucción de drenaje de cursos de agua o la implantación de forestaciones de exóticas que dañan toda la biodiversidad. La ganadería intensiva, la agricultura industrial están haciendo estragos y con ella destruyendo la economía. Este millonario propone otra mirada.
Tompkins fue propietario de la compañía de moda Esprit. En 1990 la vendió y decidió invertir su dinero en la protección de la naturaleza. Su principal campo de acción hoy lo ubica en Chile y en Argentina (la patagonia, Corrientes y Entre Ríos).
En un castellano lento pero preciso, Tompkins confesó a EL ARGENTINO que hace más de treinta años atrás, en el living de su casa de San Francisco (Estados Unidos) pensaron estos temas con un grupo de amigos e intelectuales y de allí salió el término globalización y con él, la otra cara de la moneda: el ecolocalismo.

-¿Recuerda a algún maestro en particular?
-Sí, a muchos. En particular al maestro que me daba Arte cuando tenía trece años de edad. Él era un pintor y me enseñó a ver la estética de otra manera y me educó el ojo para poder apreciar la belleza.

-Daría la impresión que los suyo más que una mera forma de entender el dinero, es una mirada de comprender la estética…
-Nosotros basamos nuestra tarea de conservación, restauración, activismo ambiental y agricultura sustentable como algo bello. Y esto es así tanto en nuestras fundaciones como en nuestra empresa familiar que tenemos con mi esposa Kristine, como algunos campos que hemos adquirido para la producción en Entre Ríos. La estética es el punto de partida para nosotros. Nuestra mirada es simple: si se ve mal, está mal. Y si se ve bien, está bien; si está bello es bueno. Cuando observamos que algo está desordenado, por ejemplo cuando miramos un paisaje, debemos observar también que ahí hay un destrato, sea la actividad económica que sea. Y cuando algo es lindo, bello, hermoso, casi siempre significará que está bien. Cuando vemos algo que está bien incluso decimos que está saludable. Y para nosotros esta perspectiva es como un sistema métrico, un sistema que nos permite mensurar usando a la estética como una guía. Y en los paisajes es muy fácil de ver. Casi siempre los paisajes naturales tienen sus encantos independientemente del ecosistema que sea. Por ejemplo, en Corriente se observa que el paisaje está como herido. Ante esa panorámica podemos ayudar a que recupere la salud o dejar que se deteriore, se enferme y finalmente muera. Nosotros somos muy conscientes de este concepto y por eso lo hemos incorporado a nuestra ética de trabajo y de producción.

-Restaurar es recuperar, reintegrar. Volver a un origen. Ser original no es ser extravagante, sino retornar a un origen, a una fuente…
-Hace 22 años que estamos haciendo restauración en paisajes, comenzamos en Chile donde tenemos más experiencia que aquí en Corrientes. Justamente porque entendemos que es necesario retornar a un origen, que el poblador local se encuentre con su paisaje que es parte de su identidad y que forma parte de su lenguaje y su forma de ser. Al principio es natural que el poblador local se oponga o no entienda lo que pretendemos: restaurar una tierra dañada por malos usos en los sistemas de producción, desterrar las exóticas y reintroducir las especies nativas y así devolver la originalidad a la tierra y con esa restauración que el propio habitante local vuelva a ser uno con su cultura y su identidad. Insisto, es natural que esto al principio no se entienda porque son muchas generaciones de deterioro y que han crecido viendo como normal algo que está mal. Además, devolverle el resplandor de la belleza a un paisaje lleva mucho tiempo y es un proceso.

-Estamos en un paradigma que todo lo globaliza y lo despersonaliza. Sin embargo, usted propone todo lo contrario. ¿Cómo se entiende?

-En el living de mi casa en San Francisco formamos hace más de tres décadas atrás una organización activista en contra de la globalización. Éramos varias personas de diferentes partes del mundo. Estaba Roberto Bissio del Uruguay (director del Instituto del Tercer Mundo) y otros intelectuales. Nos reunimos en mi casa preocupados por los efectos de la globalización de la economía y sus negativas implicancias en nuestras vidas. Con la globalización estuve mucho tiempo. De hecho, el término globalización (como palabra en inglés) la creamos nosotros y la llevamos a todos los continentes. Por eso la otra cara de la moneda es el localismo. Y aquí, en Corrientes, en unos minutos vamos a ver una expresión del localismo porque podremos disfrutar no sólo de una comida típica sino de un ballet que nos mostrará las bellezas de sus danzas. Es importante que los jóvenes practiquen la cultura de sus mayores, sigan sus tradiciones… Bueno, eso aquí se hace con orgullo.

-¿Puede profundizar esa experiencia de denominar por primera vez a la economía hegemónica como globalización?

-Estábamos, como le dije, en el living de mi casa, reunidos con diversos pensadores, intelectuales, activistas. En ese momento nuestra fundación apoyaba a muchas ONG involucradas con el tema y que se oponían a los acuerdos de libre comercio en el mundo, porque se formaban bloques económicos como la Unión Europea. Muchos colegas nos oponíamos a esa idea de formar bloques, porque las trasnacionales y sus, digamos, “compañeros de viaje” que eran los funcionarios de los gobiernos, estaban debilitando la equidad y manipulaban el sistema político con su lobby, devoraban culturas originales e incluso idiomas. La lista de esos efectos negativos y colaterales del llamado libre comercio es enorme. Por eso decimos formar ONG grandes, con activistas internacionales para enfrentar esta situación y lo debíamos hacer a nivel planetario, porque los mismos problemas afectaban a todas las regiones del mundo.

-¿Y qué economía proponen?
-Una economía ecolocalista. En este sentido, a mi entender el gobierno argentino no tiene mucha claridad en su intento por proteger las industrias locales o nacionales. Pienso que el gobierno es medio torpe en su programa. Estoy a favor del intento del gobierno por proteger la industria nacional, pero hay que hacerlo de manera eficaz y no crear un proteccionismo que no estimule la industria local.

-Si una comunidad de aquí a veinte años quiere aspirar al futuro tendrá que tener como base el acceso al agua dulce, a los alimentos y a la energía. Eso es Entre Ríos. Con el agua y los alimentos es más fácil comprender la importancia de lo local. ¿Pero también propone energía local o la deja como algo global?

-Desde los últimos años vengo estudiando el tema de la energía con grandes expertos. La energía también tiene que ser local. Estamos trabajando en un libro desde hace dos años y medio sobre la energía. Ya hemos escrito sobre la tragedia de la agricultura industrial, sobre la forestación industrial y ahora estamos trabajando en el tema de la energía y lo tenemos casi terminado. Allí hablamos de todos los impactos de la energía como el petróleo, el gas, hasta paneles solares y molinos eólicos. Y aportamos elementos para que se comprenda el aspecto de la energía, dado que es clave para la economía en todo el mundo. La polémica más potente en la actualidad es la discusión sobre la energía, cómo y de qué forma generarla, transportarla y consumirla e incluso cada país y cada región está revisando su matriz energética. Estamos muy involucrados en Chile fomentando una campaña en contra de la construcción de mega centrales en la Patagonia chilena. Nos oponemos a esas centrales y naturalmente eso involucra el tema energético y qué hacer al respecto. Ahora logramos parar ese proyecto y estamos estimulando un gran debate entre toda la sociedad para definir la política que se debe adoptar sobre la energía, teniendo en cuenta que las mega represas son obsoletas y que se deben desarrollar la energía solar, la del mar, la eólica, entre otras.

-¿Observa erosión en Entre Ríos?
-Muchísima. Es uno de los mayores problemas ambientales que tiene esa provincia que tiene un nombre bello: Entre Ríos y está, sin embargo, erosionada. Compré campo justo en la confluencia del Feliciano y el Paraná y se llama Laguna Blanca. En uno o dos meses queremos hacer un simposio en Laguna Blanca justamente por la gran erosión que tiene Entre Ríos y queremos mostrar cómo hemos logrado frenar la erosión sin dejar de producir.

-¿En esa tierras pretende hacer eco turismo?
-En principio es hacer producción, que genere dinero, pero de manera ambiental. Tenemos tres campos en Entre Ríos: Laguna Blanca que ya cité su ubicación, otro a veinte kilómetros de Feliciano y un tercero entre Santa Elena y La Paz que se llama El Malambo. Le quiero decir algo: Laguna Blanca es un campo como no hay otro en toda la Argentina e incluso en todo Estados Unidos. Compramos las tierras más erosionadas y estamos haciendo una verdadera obra de arte. Es un campo de producción agrodiversificada, tenemos sembrados más de quince granos: avena, maíz, girasol, muchas variedades de trigo, centeno, chircales, cebada, dos variedades de lino, dos tipos de sorgo, amaranto, quinua. Y ahora tenemos como diez especies al mismo tiempo y en octubre y primera parte de noviembre se pone muy bello. Hemos parado la erosión en casi un 99 por ciento. Tengo un archivo de más de mil fotos sobre la erosión en Entre Ríos. Nos angustia mucho esta situación, especialmente porque se puede producir de otra manera, cuidando la salud del agua y de la tierra y especialmente del lugareño con su identidad y cultura.

-Agua limpia… tierras sanas…
-Exacto. Y paisajes bellos y el hombre local con su cultura y su identidad. Esa es la ecuación. Cada persona tiene que asumir su responsabilidad social de mantener el agua limpia y la tierra sana. Si todos hacen eso, crearíamos otro mundo. La contaminación del agua está distorsionando la economía. Y el agua es fundamental para toda la vida. Y cuando se vuelcan los agrotóxicos al río Uruguay o Paraná, los agricultores y el Estado tienen que asumir sus responsabilidades. En nuestros campos no estamos utilizando ningún agroquímico y es totalmente orgánico. Tenemos quinta con casi quince frutos secos y frutas como uvas, frambuesas, almendras, avellanas, nogales, pecanes, castañas, ciruelos, damascos, olivos. Generamos la autodiversidad. Es un desafío tener un campo así y estamos apostando al futuro y ojalá pueda cambiar el paradigma de la agricultura en la Argentina, porque actualmente se está destruyendo uno de los suelos más ricos del mundo como es el de Argentina. En la erosión, en los agrotóxicos, en el monocultivo de exóticas hay cosechas artificiales y no hay energía para continuar con ese proceso durante mucho tiempo más. Entre Ríos es una de las peores provincias en materia de erosión.

-Se puede presentar al productor local este modelo como exitoso en materia económica…
-Naturalmente, estoy hablando de un campo del que quiero ganar plata. Estamos invirtiendo mucha plata y hay producciones que deben esperarse algunos años. Las proyecciones son muy positivas y de grandes esperanzas. No tengo problemas en invertir, porque eso será ganancia. Nuestra quinta no es enorme, es de 220 hectáreas, pero al revertir la erosión es uno de los mejores campos. Nuestras proyecciones demuestran que vamos por el rumbo correcto y vamos a recuperar la inversión de manera rápida. Ahora estamos vendiendo productos con certificados orgánicos.

-¿Qué rol tiene que tener el Estado para dar ese cambio en la matriz productiva?
-Tengo sugerencias para Entre Ríos y muy económicas. Tienen que comprar cuatro avionetas chicas de cien mil dólares cada una. Contratar cuatro pilotos. Crear una Policía de Suelos. Dividir a la provincia en cuatro zonas. Con una cámara de fotografía, un GPS y mapas, fotografiar los campos que no tienen curvas de desniveles para frenar la erosión. Se le da tres años al propietario para hacer los cambios, especialmente parar el desmonte y hacer diversificación. Si no cumple, fuertes multas. Y si insiste en su postura, el Estado tiene que embargar los campos y parar la erosión. No se debe tolerar la erosión. El propietario de la tierra no tiene derecho de hacer con ella lo que quiera. El Estado tiene que velar por mantener la integridad de su territorio. Claro, al principio habrá mucha resistencia, los productores se quejarán, pero finalmente todos comprenderán que eso es lo mejor para ellos mismos y para los demás. Eso es el interés general. El futuro de Argentina y de Entre Ríos es su suelo.

-¿Qué garantías tiene usted que el Estado le respetará el objeto de sus donaciones de tierras?
-Tenemos dos puntos importantes. Uno: es la historia de los parques nacionales en Argentina. Ahora se cumplen cien años que Argentina tiene parques nacionales. Es el tercer país del mundo en tener una red de parques nacionales y en todo este siglo ha mantenido la integridad de esa red e incluso incrementando de a poco ese patrimonio territorial. El segundo punto es el Estado de Argentina seguirá mucho más tiempo que nuestras fundaciones.

-¿Por qué cree que se desconfía de sus intenciones?
-Eso ocurre siempre y en todas partes del mundo. No hay nada especial o distinto en Argentina, Chile o Estados Unidos. En Estados Unidos es más terrible, porque algunos Parques Nacionales necesitaron cincuenta años para superar la apreciación de la desconfianza. Entonces, conservación, producción y condiciones culturales y sociales siempre tienen este componente de resistencia local. Pero, cuando se comienza a ver los resultados positivos se comienza a adherir. Si se estudian las historias de la conservación en cualquier parte del mundo y bajo cualquier sistema, se encontrarán patrones en común: mucha oposición al principio del gobierno y de los productores. Cuando se explica que se quiere crear un parque nacional nace la resistencia, pero cuando se hace finalmente, a los pocos años son los propios lugareños los que mejor defienden a ese parque nacional y todos comprenden que eso fue una de las mejores cosas que le han sucedido en términos colectivos. La oposición es entendible y hay que superar los obstáculos con un gran entendimiento con la realidad local.

-¿Qué piensa sobre ponerle un límite a la extranjerización de la tierra?
-Argentina es un país que tiene un fuerte componente extranjero por sus inmigrantes. Lo importante es ver qué uso se le da a la tierra, porque ponerle un límite a la extranjerización es muy débil porque se vulnera esa voluntad con testaferros. Lo importante es el uso de la tierra. Nosotros hacemos algo que muy pocos argentinos hacen: comprar tierras a privados para donarlas al Estado. Estamos engrandeciendo el patrimonio del Estado. Ya hemos donado más de 60 mil hectáreas en Tierra del Fuego, donamos otras 200 mil en Iberá. Estamos haciendo la donación más grande en la historia de la Argentina y eso no tiene nada que ver con la concentración de la tierra, sino todo lo contrario. Pero, la prensa, la política y los intereses de las trasnacionales se ocupan de criticarnos y de obstaculizar este proceso que tiene múltiples beneficios para todos los pobladores. El Estado tiene que poner un límite a la concentración. Estoy de acuerdo con el gobierno en ese concepto. Pero advierto que crearán la industria de los testaferros. El gobierno debería enfrentar el problema más grande y que es cambiar el modelo de producción que se tiene con la tierra, basados en la ganadería intensiva, la forestación de exóticas, la agricultura industrial y que a su vez eso genera éxodo rural. No es casual que la mitad de los dueños de los campos en Entre Ríos no vivan en esa provincia. Eso es terrible. A los pool de siembra no le importa si se hace erosión, porque no vive en esa tierra.

Comentá desde Facebook

3 Comentarios

  1. Bien, pero varios puntos flojos. 1. fue Zbigniew Brzezinski, uno de los inspiradores de la Comisión Trilateral junto a Kissinger, que primero usó el término «globalización» en su libro sobre la era tecnotrónica, 1972. En el mismo año que Perón sacaba su «mensaje ambiental a pueblos y gobiernos del mundo». Los californianos rebeldes con dinero, pero no por eso menos coherentes como DT, entendieron que había algo podrido en esa concepción y tal vez olieron que los EEUU iban por mal camino. Siguen con el error de pensar, sin embargo, que son ellos (luego el IFG con Jerry Mander) que inventaron la rueda en esto y en todo, cuando muuucho antes la lucha anticolonial y también la de trabajadores socialistas y anarquistas de Europa ya habían propuesto muchas cosas que hoy recién se estudian (o se ignoran), como el decrecimiento. Ver sobre esa historia el libro de Martínez Alier sobre ecologismo popular. Los californianos verdes-rebeldes deberían contar cuanto le deben a Marcuse, además, a menos que estén más cerca de Rockefeller…
    2. el Estado (o el régimen o sistema, para decirlo más claramente para que no se confunda con gobierno) actúa como el gestor de grandes capitales (agronegocios, mineras y otros que capitanean el modelo extractivista) de manera que aumentar la superficie de parques naturales o reservas por donación, como propone DT, está muy bien, pero ¿cómo evitar que, en otra parte no termine aumentando la presión sobre los territorios que NO son reservas?.

    Son interrogantes, nomás.

    • Mario me encantan tus preguntas y tu actitud, tambien admiro a Martinez Alier, quien estará en la UNL si podes no te lo pierdas.
      Le voy a pasar tus comentarios al autor de la entrevista
      abrazo, guillermo, hasta todos los dias,
      PD: siempre bienvenidas tus perspectivas.

    • Granjeros, cooperativas, comunidades indígenas, criollos, mestizos, pardos, zambos, ¿no serían capaces de llevar adelante una agricultura sostentable, orgánica y ecológica?
      Claro que exige interés y voluntad política, disposición de fomentar y, de ser necesario, contribuir económicamente, de parte de las «autoridades».

      No he leído tanto como vos, pero tus interrogantes y preguntas son muy buenas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *