Home / General / ¿Cuánto cuesta contaminar a un entrerriano?

¿Cuánto cuesta contaminar a un entrerriano?

.

Publicado en AIM DIGITAL

¿Cuánto cuesta contaminar a un entrerriano?

El Senado tiene para su aprobación una declaración de interés legislativo para la exploración y el potencial aprovechamiento de “reservorios de gas no convencional sobre la  explotación del gas de esquisto”, gas “shale”, o gas de pizarras  en Entre Ríos. Si se aprueba, sería el empujoncito final (porque ya hay ley que lo habilita) para empezar con un tema que tiene merecida mala prensa. No es oro todo lo que reluce pero sí es gas que hiede, rompe, raja, envenena y mata.

Fracking: ¿será Entre Ríos la próxima víctima?.

El 24 de agosto pasado, después de escuchar durante 15 minutos al presidente de YPF, Miguel Galuccio, hablar sobre el tema en Buenos Aires, el gobernador, Sergio Urribarri, tras el anuncio de perforación de un pozo de estudio en suelo entrerriano, dijo: “estamos cada vez más cerca de hacer ingresar a la provincia en esta nueva era energética que se viene en la Argentina, y lo haremos desde nuestra empresa de bandera. Pondremos a nuestros equipos técnicos a trabajar sobre el plan que nos presentó YPF. Vamos a encarar este proceso con toda la seriedad y responsabilidad que se requiere”.

Algunos se despiertan
El gas de esquisto tiene merecida mala prensa. Ha sido prohibido o está a punto de serlo en países europeos que, como ahora Entre Ríos, se dejaron comprar por lo menos con promesas  de prosperidad; pero que a poco andar vieron que no es oro todo lo que reluce pero sí es gas mucho de lo que hiede, rompe, raja, envenena y mata.

Inglaterra, Francia, Bulgaria, Rumania y República Checa han decidido suspender la explotación de sus yacimientos por motivos ecológicos. La Unión Europea está sintiendo la necesidad de  pronunciarse en el mismo sentido pero se ve entre dos fuegos.

El ministerio de Medio Ambiente checo prepara un proyecto de suspensión de la explotación del gas de esquisto debido a que  hay “lagunas” en la legislación  sobre la protección medioambiental, las explotaciones mineras y los trabajos geológicos.

El gobierno checo  anuló las dos concesiones para la extracción de gas de esquisto que las autoridades habían otorgado a la empresa australiana Hutton.

El ministerio checo de Medio Ambiente cayó de pronto en la cuenta de que los  municipios no disponen de información suficiente al analizar las preguntas relativas a la protección de las fuentes de agua potable, el medio ambiente y el paisaje.

Otros siguen dormidos
Notablemente, esta referencia al paisaje checo se puede contrastar con la total indiferencia por el paisaje oriental que evidenciaron los uruguayos cuando trajeron a Botnia a las costas del Uruguay, que llevó al historiador Gonzalo Abella a hablar de “paisajicidio”. Paisajicidio es un neologismo que rima con “genocidio” de los charrúas que poblaron el Uruguay y Entre Ríos y que seguirá con los bosques de eucaliptos que desplazan al monte nativo, como los campos de soja lo reemplazan en Entre Ríos, flanqueados por escuálidas filas de árboles junto a los alambrados, mantenidas para disimular y para que la “vista gorda” se ejerza sin problemas.

La provincia dividida en «lotes» para la exploración. Fuente: oficial

En Rumanía, el gobierno se pronunció a favor de la congelación de la extracción del gas de esquisto  y dictó “sin demora” una   moratoria de la explotación del gas a la espera de las conclusiones de las investigaciones europeas sobre los efectos de la fracturación hidráulica en el medio ambiente.

El anuncio podría trabar las intenciones de la petrolera norteamericana Chevron,  que posee cuatro concesiones de extracción de gas en Rumanía y que se disponía a realizar perforaciones este año.

Chevron es una empresa que envió a un gerente suyo, iraní de nacimiento, para ofrecer una generosa capitalización de YPF, la empresa que el gobierno entrerriano eligió para hacer las primeras perforaciones en el que supo ser territorio de la Liga de los Pueblos Libres.

Primero fractura hidráulica, después fractura social
La fracturación o “fracking”  consiste en inyectar en las rocas de esquisto o pizarra situadas en el subsuelo, a alta presión, una mezcla de agua y arena, que libera el gas atrapado en las rocas porosas. La solución empleada contiene 1 por ciento de sustancias químicas similares a los conservantes de alimentos o cosméticos. Estas drogas no son totalmente conocidas porque las petroleras no lo permiten, pero se apuran a decir que no son contaminantes, aunque algunas de las conocidas sí lo son.

Se trepana el terreno hasta profundidades variables entre 100 y 3000 metros y partir del fondo de estas perforaciones otras horizontales de unos 1.000 metros a lo largo de los esquistos o pizarras, que tienen el gas retenido en su estructura cristalina.

Se inyectan grandes volúmenes de agua y otras sustancias que provocan el deslizamiento de las capas de pizarra hasta longitudes que los técnicos no aciertan a precisar, y que llegan hasta las napas de agua, como está probado en todo el mundo.

El método de fractura hidráulica ya suscitó dudas en Alemania, el país con más intereses industriales y por eso más reacio a escuchar argumentos ecológicos que puedan mermar las ganancias.

El gas obtenido por fractura libera una proporción de dióxido de carbono, en “gas de invernadero” mayor que el carbón.  Esto se debe a la  energía que insume la técnica y a la filtración atmosférica del metano, que tiene un efecto invernadero 25 veces mayor que el del dióxido de carbono.

Gas, a un precio muy alto.

Pasar del carbón al gas puede causar más recalentamiento planetario, según el estudio “Coal to Gas: The Influence of Methane Leakage” (Del carbón al gas: La influencia de las filtraciones de metano), publicado en septiembre por el estadounidense Centro Nacional de Investigación Atmosférica (Ncar, por sus siglas en inglés).

Esto se debe principalmente a las filtraciones de metano, que son muy frecuentes pero no están contempladas en ninguna ley.

El gas natural es metano, la sustancia orgánica más sencilla, compuesta de un átomo de carbono y cuatro de hidrógeno. Y aunque las filtraciones sean de uno o dos por ciento de lo extraído, quemar gas de esquisto sería apenas mejor que seguir quemando carbón.

Si otros tuvieron que prohibir, nosotros podemos prevenir
Las protestas crecen en los países que ya sufren la técnica, pero las petroleras arguyen sin  pruebas ni estudios suficientes que la técnica de fractura nunca contaminó un acuífero. Mientras hablan para el público y pagan costosas propagandas televisivas, las petroleras saldan sus cuentas con los afectados, que cuando  abren las canillas ven salir fuego o gas  natural de ellas, mediante acuerdos económicos privados. Entre nosotros eso se llama “tirarles unos pesos” a espaldas de las autoridades, por supuesto, en los países donde las autoridades tienen espaldas.

En los Estados Unidos, la primera democracia de occidente, la única capaz de dictar al resto del mundo reglas precisas de conducta política aceptable, por alguna razón quizá vinculada a su modo propio de entender la riqueza, el poder y la ganancia, la explotación del gas de esquisto nunca se reglamentó, de modo que nadie tiene autoridad para controlar lo que hacen las petroleras. Como vimos, no es así en Europa, donde siguen apareciendo gobiernos que mal o bien deben responder a la inquietud de sus pobladores y de organizaciones ambientalistas.

Aquellos a los que les cayó la desgracia de vivir cerca de los pozos se quejan  desde hace tiempo de que el agua que beben está contaminada y muestran imágenes del líquido inflamable que sale de sus grifos. “Pero es difícil probar esa contaminación, porque a las empresas no se les exige revelar qué tipo de sustancias emplean para hacer que el gas fluya fuera de la roca”.

Además de los Estados Unidos, el Canadá también está sufriendo el atropello megaminero. Algunas de sus regiones más bellas y tranquilas, los paisajes majestuosos de la Columbia Británica están siendo “copados” por la industria del gas de esquisto, que es transportado a través de las montañas Rocosas hasta Alberta, donde se quema par extraer petróleo de las arenas alquitranadas.

Casi todo el gas de Columbia Británica se vende a los  Estados Unidos. Y se prepara una enorme expansión, tras la aprobación de una planta de gas natural licuado que se construirá en la costa oeste, destinada al suministro de mercados asiáticos.

Fuentes de ecologistas canadienses hicieron notar a “Tierramérica”  que la fractura hidráulica usa enormes cantidades de agua dulce en una región que sufre escasez hídrica. Cada perforación requiere millones de litros, y la industria obtuvo derechos para extraer 275 millones de litros diarios de ríos, lagos y arroyos locales.

La cuenca Chacoparanaense y sus características. Fuente: oficial.

Dieciséis empresas fueron multadas por no informar  la cantidad de agua que sacaban, algo que nos hace recordar a Botnia y su uso  y abuso del río Uruguay y a lo que vendrá con el gas de esquisto. Según informes de prensa, las multas no llegaron a 1.000 dólares, una cantidad de dinero que por  pequeña, las empresas multadas no alcanzan a ver.

No es solo gas, es veneno
Cuando la agencia estadounidense de  Protección Ambiental comenzó a estudiar en profundidad los riesgos de esa técnica para el agua potable, los resultados preliminares mostraron que el líquido estaba contaminado con benceno, un hidrocarburo cancerígeno.

Otros informes señalan: “Se registran  igualmente daños a la salud humana; en un hospital del estado de Texas, situado en las proximidades de importantes yacimientos en explotación, hay una proporción de asma infantil que llega a 25 por ciento, frente al siete por ciento, de la media nacional.

El gas liberado puede migrar a la superficie de forma incontrolada y acumularse donde menos se le espera. En al menos cinco estados de EE.UU. han sucedido explosiones de casas, y calles enteras, bajo las que se habían formado bolsas del gas migrado desde explotaciones cercanas.

La tierra tiembla
En los últimos cuatro meses de 2010 se produjeron cerca de 500 sismos en Guy, Arkansas, más de 400 en relación con los 38 ocurrido en 2009. El aumento en la frecuencia de los seísmos precede y coincide con la aparición, en un tramo de 20 millas del río Arkansas, de 100 000 peces muertos. Además, 5 000 mirlos de alas rojas y estorninos cayeron muertos del cielo en Beebe.

Una fractura terrestre es la causa más probable de los tres sucesos, ya que por los sismos se liberan productos tóxicos al ambiente.

Si se da un vistazo a  la historia de los terremotos de Arkansas y las perforaciones realizadas, revela un incremento sorprendente en la frecuencia de los seísmos en la medida en que aumenta el número de perforaciones.

Fidel está viejo, pero todavía ve
El anciano jefe de la revolución cubana. Fidel Castro, reconoció hace poco que no tenía información sobre el gas “shale”, que escuchaba mencionar de tanto en tanto. Cuando se informó, publicó una nota esclarecedora en la agencia “Prensa Latina”.

Para Castro, por el camino que lleva, la especie humana  marcha hacia el abismo. “Es entonces  deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual”.

Fidel está viejo, pero todavía ve.

Entre los peligros que amenazan a la humanidad citó la guerra nuclear y el cambio climático, como consecuencia de la destructora acción del hombre.
Se preguntó qué será de  Arabia Saudita cuando sus reservas de petróleo se agoten  considerando que los mismos intereses que se abaten sobre Entre Ríos  extraen 10 millones de barriles de petróleo ligero por día.

Esa pregunta podríamos dirigirnos también nosotros los entrerrianos. Una vez reventado y envenenado con nuestra agua nuestro subsuelo,  destruida nuestra naturaleza, asesinado nuestro paisaje, qué será del “país de los matreros” cuando sus esquistos subterráneos ya no tengan gas? La que un día fue la mejor tierra de América no tendrá mejor futuro que Arabia Saudita sin petróleo.

Castro considera: “no es posible que nuestro mundo globalizado acepte sin chistar el colosal derroche de recursos energéticos que la naturaleza tardó cientos de millones de años en crear, y cuya dilapidación encarece los costos esenciales. No sería en absoluto digno del carácter inteligente atribuido a nuestra especie”.

El escrito, que ya tiene casi un año, prosigue: “hace apenas unos meses leí por primera vez algunas noticias sobre la existencia del gas de esquisto. Se afirmaba que Estados Unidos disponía de reservas para suplir sus necesidades de este combustible durante 100 años”.

En sus reflexiones incluyó, además datos de estudiosos, que informan de los perjuicios que ya se aprecian por la explotación de esta fuente energética, que se extiende ya por varios países: es innegable que por su enorme potencial, el aprovechamiento del  esquisto constituye una revolución en el mundo del gas, pero es necesario que las industrias petroleras que lo explotan utilicen una técnica más benefactora con el medioambiente.

Una panacea imperial que los periféricos pueden copiar
Como contrapartida necesaria, los empresarios norteamericanos y el gobierno de Barack Obama consideran al gas de esquisto “una panacea” para los  Estados Unidos, la cual ofrece un combustible que es tanto más limpio, así como más seguro que depender de fuentes externas de energía”.

Obama, como notó Fidel Castro,  enfatizando mucho en que el metano de los esquistos es el futuro de Estados Unidos y que las reservas con que el país cuenta durarán más de un siglo. Además, agrega que así Estados Unidos ya no dependerá de países “inestables”, como los árabes, para proveerse de energéticos. Se trata de un argumento de corte nacionalista, en un país que aborrece moralmente los nacionalismos,  que busca que los norteamericanos estén de acuerdo cuando se les pulsa la cuerda patriótica con la  explotación de los esquistos.

La industria norteamericana acompaña a su presidente e incluso marcha adelante, con la idea de que el país se convierta en exportador de recursos energéticos con la perspectiva agregada de recibir recursos por esa vía en medio de la crisis que el país generó y que por ahora logró exportar y confinar convenientemente en Europa.

A ver quién llega más lejos
Otra cuestión relacionada con el gas de esquisto es que a pesar de las protestas de gente que ve salir fuego de las canillas y advierte que la napas se contaminan con metano, y de los débiles cuestionamientos políticos, se impone la  fuerza  de las petroleras, vanguardia del interés del primer mundo por y mantener un nivel de consumo suicida todo lo que se pueda, esquilmar los recursos del mundo entero y dejar desierto y tierra arrasada en países sometidos al “paisajicidio” y al genocidio.

El gas en rocas de esquisto es otra frontera de la política extractiva a cualquier precio, una nueva y enorme fuente de combustible fósil que aleja otra vez las perspectivas de energía limpia.

En los Estados Unidos el gas de esquistos vive un auge extraordinario, al mismo tiempo que se vienen organizando protestas como las que deberán también suscitarse en otros lugares donde se produzcan las mismas agresiones, las propias de la megaminería.

Las  reservas mundiales de gas no convencional  o de esquisto alcanzan a  915 miles de millones de metros cúbicos, y 100 mil millones  están en Iberoamérica, a la que pertenece Entre Ríos,  que por eso ha suscitado la mirada “cariñosa” del poder mundial megaminero.

El agua es la vida, pero se muere
El método de fractura hidráulica usa enormes cantidades de agua, en realidad, cada pozo casi cuatro millones de litros por año. Pero con este agravante: el agua usada para la fractura se contamina  y ya no puede tratarse ni sirva para otra cosa que para obtener más gas y agravar la contaminación.

La cantidad de agua gastada es mayor que la que puede procesarse para que pueda usarse nuevamente. Por eso hay depósitos para almacenarla, pero como en Pensilvania, donde se concentra la mayor producción, no hay suficientes pozos de desecho, que son  también un grave problema en ciernes,  se deben de buscar nuevos sitios para almacenarla, como en Nueva York, donde la perforación no está todavía permitida.

Si en los Estados Unidos no saben dónde poner el agua contaminada, debemos confiar en que los gobernantes entrerrianos sepan qué hacer y en que los legisladores, al levantar la mano para aprobar lo que les pidan, sepan también valorar los problemas que vendrán.

Antecedentes
En 1997, la Legislatura sancionó la ley 9064 (denominada ley Urribarri) que declara en su artículo 1° de “interés provincial” las riquezas potenciales del subsuelo entrerriano, en materia de hidrocarburos líquidos, sólidos o gaseosos. El artículo 2° establece un régimen de promoción e incentivos a los capitales de inversión de alto riesgo en actividades de exploración y explotación de los recursos naturales del subsuelo, que se realicen o se hayan realizado. Luego, la ley provincial 9991/10 , regula la actividad en la provincia y establece los lineamientos básicos.

Algo más
La iniciativa del senador Jorge Ghirardi (PJ, Villaguay), a la que AIM se refirió hace un tiempo, busca “declarar de interés legislativo la exploración y el potencial aprovechamiento de Reservorios de Gas no Convencional (RGnC), también conocidos como ‘gas de esquistos’ (shale gas) o ‘gas de arenas compactas’ (tight sands gas), disponibles en el subsuelo de la provincia de Entre Ríos”.

En el artículo 2°, la iniciativa, que por ahora está en comisión, propone “apoyar la promoción al desarrollo científico-tecnológico nacional y provincial, así como la capacitación de recursos humanos, en especial en ingeniería y manejo del agua, y otros desafíos clave que plantea desarrollo del GRnC para alcanzar resultados óptimos a mediano y largo plazo”.

Comentá desde Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *