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CHARRÚAS EN GUERRA PARA DEFENDER SU AMBIENTE

(Publicado en El País digital -ROU-)

MARTÍN AGUIRRE

En Rocha, el horno no está para bollos. Las obras para acondicionar La Paloma como puerto maderero, y el avance del proyecto de una megaterminal portuaria entre La Pedrera y Cabo Polonio, han generado alta tensión social. Esto quedó patente días atrás cuando máquinas enviadas por el intendente Barrios para abrir un nuevo acceso al puerto palomense, fueron frenadas por un grupo encabezado por el alcalde local, de su mismo partido. Este caso revela el estado de polarización que hay a nivel local sobre estos proyectos, en contraste con el apuro que exhiben las autoridades en concretarlos.

El pasado 8 de agosto se presentó la actualización del estudio de ubicación para un puerto de aguas profundas en Rocha. El proyecto, niño mimado del presidente Mujica, contó con la participación de varios ministerios, y es un enciclopédico texto con estudios de impactos ambientales, turísticos y sociales. Allí se analizan las posibles localizaciones para esa terminal, y se termina definiendo un sitio, ubicado entre los balnearios El Palenque y Puerta del Sol. Sin embargo, este trabajo tan profundo y elaborado, deja al lector común numerosas interrogantes. La primera es que ya desde su introducción, parte de una premisa implacable: «a los efectos de este análisis se considera que es una certeza que habrá un puerto». Pero además, quien se sumerja en los extensos estudios, encuentra que los análisis de locaciones, por ejemplo en materia ambiental, si bien hay matices, son todos de una u otra forma desfavorables. Y en materia de afectación costera se dice que «persisten dudas importantes». También es habitual que los autores señalen que se trata de estudios muy primarios, que necesitan más desarrollo y profundidad.

Pese a estas consideraciones, el gobierno ha puesto el pie en el acelerador, y avanza con el plan. Al punto que ya se han anunciado algunas expropiaciones y el presidente Mujica se reunió con el empresario que impulsa el proyecto minero de Aratirí, y le comunicó que el puerto se hace y que su emprendimiento es clave para asegurar la masa crítica que haga posible la nueva terminal. Ahora bien, ¿cuál es la visión de los expertos en materia portuaria sobre este tema?

El ingeniero Eduardo Álvarez Mazza no tiene dudas; una terminal de aguas profundas en Rocha es clave para el desarrollo logístico del país, y tarde o temprano será una realidad. Álvarez Mazza fue presidente de la ANP y ejecutor de la reforma que permitió el despegue actual del puerto de Montevideo. Afirma que la nueva terminal tendría como eje el manejo de cargas a granel, principalmente de la región, ante la saturación que muestra Nueva Palmira. Según el experto, se debería apostar a canalizar granos y minerales de los países vecinos, y afirma que la competencia de los puertos argentinos y brasileños, y el clima tenso con los vecinos no debería ser un obstáculo. «La carga no tiene ideología», afirma. Lo que plantea Álvarez Mazza es un proyecto de proporciones enormes, de un costo cercano a los US$ 2.000 millones y que, entre otras cosas, requerirá una nueva red ferroviaria. No lo ve como algo inmediato, sino para mediano o largo plazo, aunque celebra que la planificación se haga con tiempo y perspectiva.

Sin embargo hay otros entendidos que no lo ven tan claro. Señalan que Montevideo tiene muchos años por delante de crecimiento. Y que para los graneles, Nueva Palmira tiene también mucho por aportar. Pero además, plantean otras cuestiones, como que no es realista proyectar un crecimiento sistemático de la producción en un momento de alta histórico como el actual. Y que aún en caso de que la demanda por granos y minerales siguiera a este ritmo, lo deseable sería que cada vez más esos productos fueran procesados en la región, y no exportados en bruto. Además, dicen que si bien la logística es una actividad que deja mucho dinero, este tipo de puertos no aporta demasiada riqueza al país, si se la compara con lo que se obtiene en materia de turismo.

Como en casi todos los temas trascendentes, es difícil sacar una conclusión clara de este dilema. Es cierto que la logística parece ser clave para el futuro nacional, que resulta alentador ver que las autoridades planifican con tiempo, y que pese a los ingresos que deja el turismo, la verdad es que la economía de la costa rochense fuera de temporada es casi nula.

Pero también hay dudas. Primero que los números potenciales de cargas que maneja el proyecto oficial lucen exageradamente optimistas. Se dice que movilizará 55 millones de toneladas, cuando hoy Montevideo y Nueva Palmira sumados no llegan a las 20. Luego está el tema de Aratirí, clave para que se justifique un proyecto de este tipo, y con este apuro, ya que la empresa india quiere un puerto operativo para 2015, mientras los expertos más favorables señalan que no habrá producción que lo justifique antes de 10 o 20 años. ¿Está ya resuelta la aprobación nacional al megaproyecto minero?

Y también está el turismo. Según cifras recientes, solo entre La Paloma y Punta del Diablo la inversión en ese rubro supera los 343 millones de dólares y aporta más de 5 mil puestos de trabajo. Mientras que una terminal de Nueva Palmira que moviliza 8 millones de toneladas de granos, es operada por una empresa con 40 obreros. ¿Es razonable sacrificar 10 o 20 km de zona oceánica (de los 200 con que cuenta el país) para construir un puerto de este tipo? ¿Pueden ser complementarias estas actividades? Si se ha fijado tener un puerto de aguas profundas en El Palenque para 2015, ¿para qué se está construyendo otro en La Paloma? ¿Dos terminales oceánicas en menos de 30 km de costa? Y por último: ¿cuánto cuestan al país en materia de inversión inmobiliaria todas estas especulaciones?

Preguntas que quedan en el aire, y que contrastan con el vertiginoso apuro con el cual el gobierno parece estar encarando el tema por estos días.
El País Digital

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un comentario

  1. PARECE que ha estos gobiernos «progres» de la america del sur le ha entrado la desesperación por tirar los recursos naturales a la rebatiña y de repente nos vemos jaqueados por emprendimientos extranjeros que sin licencia social alteran la paz social de los pueblos pretendiendo cambiar el modelo socio económico que le da sustentabilidad a las comunidades. Vuelan montañas, arrasan montes nativos, roban la fertilidad de los suelos, inutilizan las fuentes de agua y quieren someter a la gente cual «conquistadores del siglo XXI» la gente protesta, patalea y lucha para no perder algo tan caro como es el medio ambiente hoy amenazado por la ambición indiscriminada de las corporaciones.

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