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CARRASCO EN PARANÁ

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Andrés Carrasco: “La agricultura debe producir alimentos, no mercancías”

“El problema es una concepción de la agricultura que ha dejado de concebirla como producción de alimentos, para pensar la agricultura como productora de una mercancía que sea transable en el mercado internacional”. La primera aclaración de Andrés Carrasco en la charla que se realizó el miércoles 17 en la Facultad de Ciencias de la Educación, marcó el rumbo de la exposición.

En las palabras del investigador del Conicet, como en la del profesor Luis Lafferriere en representación del Proyecto de Extensión Por una Nueva Economía, Humana y Sustentable, como en las de Daniel Verzeñassi del Foro Ecologista, lo que trascendió fue la crítica al modelo agro-alimentario impuesto en la Argentina y sus consecuencias negativas en la salud y el medioambiente.

Lo que yo voy a hacer es lo que hago siempre, y seguramente los que me han escuchado se van a aburrir”, advirtió antes de comenzar. Según él sería un “breve” y “básico” comentario sobre el trabajo que realizaron desde el Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA y el  Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Se refirió justamente a aquella investigación que no sólo arrojó luz en medio de tanta oscuridad, sino que también marcó su carrera académica para siempre. Pues hoy Andrés Carrasco es quien es, por haber acompañado desde su saber, aquello que las madres de Ituzaingó de Córdoba venían denunciando, lo que los médicos en diferentes regiones del país venían advirtiendo: mayor cantidad de abortos, malformaciones, cáncer, y lo que algunos medios de comunicación junto a organizaciones ambientales venían gritando en medio de tanto murmullo silenciado:  el uso del glifosato puede alterar mecanismos fisiológicos que produzcan perjuicio celular y/o trastornos durante el desarrollo embrionario de los vertebrados,  totalmente comparables con lo que sucedería con el desarrollo del embrión humano.

Cuando en 1996, año en que el Ministerio de Agricultura de la Nación aprobó el paquete tecnológico que explota la empresa Monsanto con la semilla genéticamente modificada, “se dijo entonces que había mucha hambre en el planeta, que había que generar una revolución verde, que la tecnología iba a expandir la superficie cultivada con el fin de generar alimentos rápidamente. Pero hoy tenemos más hambrientos que entonces”, enfatizó Carrasco que inició su investigación a raíz de la demanda de poblaciones que advertían sobre el incremento de abortos espontáneos, cáncer y malformaciones.

“Mi laboratorio con este trabajo lo único que hizo es intentar explicar lo que la gente decía que pasaba en sus vecindades, ni quise comprobar la verdad de esos saberes o de esos relatos, ni me interesó en particular aprender sobre el glifosato, simplemente dije: bueno si eso está pasando, nosotros podemos darle una explicación no para legitimar ese relato, sino para acompañar ese relato que merece el respeto de cualquier relato de una observación”, explicó Carrasco esclareciendo sus objetivos y recordando el papel de la ciencia en la sociedad: “la ciencia debe acostumbrarse  -para no ubicarse en un lugar omnipotente y omnipresente ontológicamente centrada-  a ponerse en el lugar de acompañar la realidad. No fabricar realidades, no legitimar realidades”. “Esto que quede claro porque sino damos vuelta las cosas, y nos ponemos en lugares equivocados frente a la sociedad. La sociedad no quiere sabios que le vengan a decir que existen, porque existen más allá de los sabios”.

La palabras de Andrés son claras, su experiencia en el tema y la profundización que realiza de la problemática en general más allá del instrumento –los agrotóxicos- permiten no sólo romper con viejas estructuras establecidas, sino que además sus palabras construyen, crean e inventan nuevas formas de pensar. En este sentido, junto a las imágenes que iba proyectando, el doctor fue comentando los pasos de la investigación y por supuesto sus resultados, para luego seguir insistiendo en la problemática a nivel general.

En la experiencia realizada por el equipo de Carrasco, se comprobó que los embriones de animales, expuesto a glifosato diluido en una dosis en 5 mil, producía la muerte del embrión. Además, se inyectó glifosato en célula del embrión, lo que produjo la alteración en el mecanismo del desarrollo –la malformación posterior en el individuo– por aumentar la producción del ácido retinoico que naturalmente produce el embrión en condiciones y cantidades especiales. El incremento de ese ácido retinoico afecta “la formación de los ejes embrionarios” en la segunda semana de gestación, tal como lo mostró en fotos tomadas en laboratorio.

Afirmó que en las poblaciones afectadas por la fumigación del herbicida, éste llega al embrión por inhalación. “En general la gente no bebe glifosato como lo hacen los técnicos de Monsanto”, dijo en tono irónico para descalificar el discurso de la empresa respecto de la supuesta inocuidad del producto. Desmintió la afirmación acerca de que el tóxico no traspasa la placenta. “En la segunda semana de gestación no hay placenta. Sólo se conforma en la semana número 12”, respondió. Pero además expuso un trabajo científico brasilero que comprobó que “si traspasa la placenta” y afecta al embrión.

Por otro lado, Carrasco destacó algo muy importante en relación a la persistencia del glifosato en el ambiente. Negó que “estos productos sean biodegradables”, para lo cual expuso un informe del INTA que dio cuenta de la persistencia de su efecto nocivo por lo menos durante un año, dependiendo esa persistencia del suelo entre otros factores.

Tras repasar las consecuencias del glifosato, remarcó que los productores usan 10 litros por hectárea cuando lo aconsejado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es no más de un litro en la misma superficie.

Más allá del laboratorio, Carrasco tomó nota de lo afirmado en un informe del Estado de la provincia de Chaco. Allí se da cuenta de un aumento en un 300% de los casos de leucemia en niños de La Leonesa, desde que se impuso este modelo agrícola (por uso masivo de agrotóxicos en una arrocera del lugar), mientras que otro estudio daba cuenta de un 400% de aumento de los individuos con malformaciones.

Para el investigador el abuso de agroquímicos no es sólo el  problema a abordar. En cambio remarcó a “un nuevo modo extractivo” que propone “llevarse los bienes, los recursos para otras modernidades” como en el caso del monocultivo de la soja pero también con la minería a cielo abierto. Carrasco marcó así el núcleo central de la problemática en la Argentina: 20 millones de hectáreas cultivadas en los que se arrojan 200 millones de litros de glifosato por año, afectando a una población que asciende a 10 millones de personas.

Cuando ya estaba todo dicho, y sus palabras se iban acabando volvió a insistir en el modelo: “esto es un problema de soberanía nacional. El modelo no es solamente devastador y saqueador de la naturaleza. El modelo, es un modelo de control social, porque si cuatro compañías van a controlar el 80 por ciento de las semillas, serán en fin quienes decidan quien comerá, que comerá y como lo hará. Así este problema de soberanía nacional, pasa también al de soberanía alimentaria”.

Y así introdujo el concepto que permite abrir el debate en pos de una construcción colectiva, pues esa categoría engloba una concepción completamente diferente de la agricultura. Se trata de aquella premisa que él advirtió al comienzo. Pues la agricultura, en ese marco, ya no es pensada como una forma de producir mercancías sino como productora de alimentos.

De esta forma el investigador no sólo marcó los lineamientos a seguir sino que destacó cual es el rol de la naturaleza en la sociedad con respecto al hombre. “La naturaleza tiene los mismos derechos que tenemos nosotros. Nosotros tenemos derechos humanos porque somos parte de esa naturaleza si nuestros derechos humanos van a destruir, van a oponerse a los derechos de la naturaleza, en realidad es una especia de círculo vicioso difícil de entender. O sea que los derechos de la naturaleza son nuestros derechos, y los nuestros los de la naturaleza”.

(Por Daiana Pérez, integrante del Proyecto de Extensión ‘Por una nueva economía, humana y sustentable’ – 19 de noviembre de 2010)

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«Agriculture must grow food, not commodities»

«The problem is a conception of agriculture has ceased to think of it as food production, to think of agriculture as a producer of a commodity that is tradable in the international market.» The first clarification of Andrés Carrasco in the talk that took place on Wednesday 17 in the Faculty of Education, marked the course of the exhibition.

In the words of the researcher of CONICET, and in that of Professor Luis Lafferriere representing Extension Project for a New Economy, and Sustainable Human, as in Daniel Verzeñassi Ecological Forum, what transpired was the criticism of agro-model food tax in Argentina and its negative consequences on health and the environment.

«What I’ll do is what I always do, and surely I have heard you’ll be bored,» he said before. According to him would be a «brief» and «basic» comment on the work done from the Laboratory of Molecular Embryology of the UBA and the National Council of Scientific and Technical Research (CONICET).

Just referred to research that shed light not only in the midst of darkness, but also marked his academic career forever. Andres Carrasco Well today is who he is, for having accompanied on their knowledge, what mothers of Cordoba Ituzaingó they condemned, so that doctors in different regions of the country have warned: increased number of abortions, birth defects, cancer, and what some media along with environmental organizations came screaming in both muted murmur: the use of glyphosate can alter physiological mechanisms that produce cellular injury and / or disorders during embryonic development of vertebrates, comparable with what would happen with the development the human embryo.

When in 1996, the Ministry of Agriculture’s Office approved the technology package, which operates the company Monsanto genetically modified seeds, «he said then that there was much hunger in the world, we had to generate a green revolution technology would expand the area cultivated to produce food quickly. But today we have more hungry then, «he said Carrasco began its investigation following the demand of people who warned about the increase in spontaneous abortions, cancer and malformations.

«My lab with this work the only thing he did was try to explain what people said was happening in their neighborhoods, and I wanted to see the truth of this knowledge or these stories, nor am I particularly interested in learning about glyphosate, simply said: good if this is happening, we can not give an explanation to justify this story, but to accompany this story that deserves the respect of any report of an observation, «Carrasco said clarifying its objectives and recalling the role of science in society: «Science must become accustomed-not located in an omnipotent and omnipresent ontologically focused-to be in place to accompany the reality. Do not make reality, not to legitimize realities. » «Let us make this clear because otherwise we turn things, and we put in the wrong places to society. The society does not want scientists to come and tell you there, because there are more than the wise. »

Andrew’s words are clear, his experience in the subject and the depth that makes the problem in general beyond the instrument-the-pesticides can not only break with old established structures, but also his words build, create and invent new ways of thinking. In this regard, along with the images was projected, the doctor was commenting on the steps of the investigation and of course the results and then continue to press the issue at a general level.

In the experiment carried out by Carrasco’s team, it was found that embryos of animals exposed to glyphosate dose diluted in a 5 000, produced the death of the embryo. Furthermore, glyphosate is injected cell embryo, resulting in alteration in the mechanism of development-malformation in the individual back-to increase the production of retinoic acid that naturally occurs in the embryo special conditions and quantities. The increase affects the retinoic acid ‘formation of the embryonic axes «in the second week of gestation, as shown in photos taken in the laboratory.

He stated that in populations affected by the spraying of herbicide, it reaches the embryo through inhalation. «In general people do not drink and do glyphosate technical Monsanto,» he said ironically to disqualify the company’s speech regarding the alleged safety of the product. He denied that the statement about the poison does not cross the placenta. «In the second week no placenta. Only formed at week 12, «he replied. But also exposed a Brazilian scientific work that found that «if it crosses the placenta» and affect the embryo.

On the other hand, Carrasco said something very important in relation to the persistence of glyphosate in the environment. He denied that «these products are biodegradable,» to which INTA presented a report which gave an account of the persistence of its harmful effect for at least a year, depending on the persistence of soil and other factors.

After reviewing the effects of glyphosate, noted that producers use 10 liters per hectare as advised by the National Institute of Agricultural Technology (INTA) is no more than a liter in the same area.

Beyond the laboratory, Carrasco took note of the statement in a report by the state of the province of Chaco. There are reports a 300% increase in cases of leukemia in children in La Leon, since the imposition of this model of agriculture (by massive use of pesticides in a rice field location), while another study realized a 400% increase of individuals with birth defects.

For abuse of agrochemicals research is not only the problem to be addressed. Instead stressed «a new extractive mode» proposed «take the property, resources for other currencies,» as in the case of soya monoculture but also with open pit mining. Carrasco scored well at the core of the problem in Argentina: 20 million hectares in which shed 200 million liters of glyphosate per year, affecting a population of 10 million people.

When it was all said and his words were running again stressed in the model: «This is an issue of national sovereignty. The model is not only devastating and plundering of nature. The model is a model of social control, because if four companies will control 80 percent of seeds will be in order to decide who will eat, you eat and how. So this issue of national sovereignty, also happens to food sovereignty. »

And so he introduced the concept that opens the debate towards a collective, as this category encompasses a completely different conception of agriculture. It is this premise that he warned at the outset. For agriculture, in this context, it is not intended as a way of producing goods, but as food producers.

In this way the researcher not only set the guidelines to follow but said that is the role of nature in society compared to men. «Nature has the same rights that we have. We have human rights because we are part of nature if our human rights will be destroyed, they will oppose the rights of nature, is actually a kind of vicious circle difficult to understand. Or is that the rights of nature are our rights and those of our nature. »

(By Daiana Perez, member of Extension Project ‘For a new economy, human and sustainable’ – November 19, 2010)

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