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APOCALISPIS AHORA, UNA EVIDENCIA QUE NADIE QUIERE VER

 Si hay un tema controvertido que ha dado oportunidad a falsos profetas para aterrorizar incautos es el del fin del mundo, y lo que hace que no nos preocupemos por el Apocalipsis es porque no tiene fecha cierta.      Ocurre lo mismo que con nuestra muerte: todos sabemos que vendrá pero como no conocemos cuando vivimos como si esta certeza no existiera, de hecho la conducta de cada individuo sería diametralmente opuesta si supiera con precisión cuanto llegará la parca a reclamarlo.

 Pero hay una categoría de pronósticos sobre el futuro cercano que no son especulaciones de predicadores insolados sino el resultado de previsiones científicas formuladas por nuestras mejores mentes científicas que alertan sobre lo que nadie quiere oír ni hacerse cargo: el próximo colapso de nuestro planeta por la conducta absolutamente irracional de quienes en el habitamos.

 De hecho la mente mayor de nuestra generación, el físico inglés Stephen Hawking esta semana ha vuelto a formular sus advertencias acerca de que acabaremos extinguiéndonos si no logramos encontrar un nuevo hogar en otros planetas, ya sea la Luna o Marte por ejemplo debido al uso absolutamente irracional que hacemos actualmente de los recursos disponibles en la Tierra, proceso que Hawking considera irreversible porque tiene pocas esperanzas en que la sensatez reemplace a la irracionalidad en las mentes de sus contemporáneos.

 Pero ahora un actor impensado se suma a la lista de los observadores calificados de nuestro futuro inmediato, la NASA –National Aeronautics and Space Administration-, de EEUU que es la agencia del gobierno estadounidense responsable del programa espacial civil, además de la investigación aeronáutica y astronáutica en ese país acaba de sumarse a la lista de quienes emiten advertencias respecto de este tema.

La agencia ordenó un estudio a un estudio científico financiado por el Goddard Space Flight Center de ese organismo a Safa Motesharri uno de los mayores matemáticos vivos de la actualidad para que analice la proyección de la sustentabilidad del actual modelo civilizatorio en términos del ritmo de uso de los recursos disponibles. 

El científico ha contado con la ayuda de un equipo de especialistas en ciencias naturales y sociales para finalmente formular unas predicciones nefastas. Su estudio concluye que no se duda de que el colapso ocurrirá en tiempos muy cercanos, que la civilización moderna camina rauda y veloz hacia un final que no demorará, debido a la creciente inestabilidad económica y a la sobreexplotación de los recursos.

La NASA como Hawking prevén el inexorable fin del mundo tal y como lo conocemos, la sobrepoblación y los recursos finitos van a suponer el fin en pocos años más y suben la apuesta acordando que cualquier intento de salvarlo será en vano.

Como única posibilidad de preservar la civilización proponen una improbable carrera espacial contrarreloj, cuyos resultados nos permitan mudarnos antes de que sobrevenga la “extinción inminente” del viejo mundo.

Las probabilidades de que esto ocurra pueden ser consideradas por el lector, pero es probable que un profundo escepticismo sea el común  denominador de todos quienes especulen racionalmente en este tema.

Y no se trata de ser pesimistas pensando que nosotros, seres comunes de todo el planeta, no tenemos alcance decisorio sobre las determinaciones que podrían cambiar este rumbo de colapso, porque la verdad es que sí, los únicos que podemos hacer algo somos precisamente los ciudadanos comunes.

La lucha de Gualeguaychú contra UPM-BOTNIA es un ejemplo paradigmático: por supuesto que la planta de Fray Bentos funciona, pero la determinación de los ciudadanos locales ha producido un cambio en la conciencia global de impensado alcance que suma decididamente en la inquietud de reformular los paradigmas de la civilización actual.

Somos nosotros las personas comunes quienes no tenemos que bajar los brazos y subir el nivel de nuestra rebeldía contra este estado de cosas cotidianamente.

El mundo puede revertir el modelo, de hecho este modo de uso establecido por la revolución industrial es un episodio que medido en términos de vigencia temporal apenas se inicia y podemos cambiarlo.

Pero esto solo se logrará con la suma de nuestras actitudes individuales, no existe otro camino.

 

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