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ANGÁ

 

Si existe un patrimonio cultural invaluable por el conocimiento que tienen de la naturaleza, es el de las culturas Guaraníticas de la región comprendida por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, en el noreste de nuestro país, y las regiones aledañas de Brasil y Paraguay.

ANGÁ

Terere 5(1)

Pero ese acervo ha sido masacrado durante siglos por los invasores, esta crónica es una más entre miles que se van perdiendo con la desaparición de sus protagonistas.

La etnia de los Aché Guayakí es una de las más agredidas de las que poblaban originariamente Paraguay; perseguidos y asesinados sin que estos crímenes fueran considerados tales por la justicia paraguaya; sufrieron también la transculturación forzada a manos de sectas religiosas: Misión Nuevas Tribus por ejemplo, que con el pretexto de su evangelización los somete a servidumbre obligándolos a abandonar su tradiciones, creencias y cultura.

La vida de Angá, uno de ellos, relatada en primera persona por un descendiente de colonos da cuenta del calvario que han tenido que enfrentar a lo largo de su casi ignoradas historia[i]:…

-Cuando niño me movía en solitario, sin hermanos que fueran mis socios de correrías; con una fragilidad física provocada por el asma que no impedía que me escapara de casa en pequeñas aventuras que enloquecían de temor a mi madre que sufría por mi enfermedad.-

-Fue entonces que, como se estilaba en las familias acomodadas de origen europeo de Paraguay en esos tiempos, ‘consiguieron’ un criadito Aché para que fuera mi acompañante.-

-Su pueblo no gozaba de estatus humano pleno, ‘ratones del monte’ se los llamaba despectivamente para justificar las inpunes matanzas para robarles sus tierras, o por simple diversión, dado que a veces organizaban partidas de caza sobre ellos, como si se tratasen de animales salvajes.-

-Sus niños luego eran vendidos como sirvientes a las familias más acomodadas.-

-Así llegó Angá a mi vida, como un compañero de andanzas responsable de ponerme a salvo de los peligros a los que yo me exponía en mi inconciencia de hijo único malcriado, a pesar de que seguramente era menor que yo, algo que nunca pude saber porque sus datos filiatorios se habían perdido en los vericuetos de su cruel historia.-

-De entrada no más nos hicimos cómplices, nuestra relación funcionaba como la de hermanos, aunque en mi estupidez de niño consentido muchas veces yo le imponía la autoridad que me daba ser uno de sus ‘dueños’.-

-Hablaba poco, de hecho salvo a mí a nadie le interesaba lo que pensaba, solo se le exigía que obedeciera las órdenes que se le daban con sumisión de esclavo, tal se les requería en ese entonces a las personas de su condición.        Habíamos logrado un entendimiento total, solo con mirarnos sabíamos lo que pensaba el otro.-

– Era más fuerte, más inteligente y más sabio que yo y había desarrollado un instinto infalible para reconocer y enfrentar situaciones difíciles con sereno aplomo.

-Angá me enseñó a andar en la selva, a reconocer las plantas, a tomar los frutos y hongos comestibles y sobre todo a caminar sin ser vistos ni dejar rastros, él era mi hermano y mi maestro-

-Pero algunos lo trataban con recelo, no les gustaba su mirada, ni el extraño color claro de su piel y agrisado de sus ojos, que a veces sabían tener un destello desafiante.            También les molestaba su independencia porque por ser mi socio de aventuras gozaba de las mismas libertades que yo tenía.-

-Especialmente el líder de la Misión, que en su soberbia no toleraba un nativo que tuviese la actitud de Angá, tan distante de la de muchos de sus pares que habían sido domesticados y sometidos a la arbitraria autoridad de los reducidos en su organización-.

-Una tarde que ingresábamos a su predio en busca de refugio para pasar la noche luego de recorrer durante varios días el camino desde Camba ho, él iba adelante como siempre lo hacía, como líder de nuestra pequeña manada de dos.                      Al saltar el cerco que limitaba el poblado sonó un disparo potente, de un arma de elevado calibre, y Angá se desplomó delante de mí con la cabeza estallada.-

-Corrí hasta él y lo abrasé soltando el llanto y apretándolo contra mi pecho como si de ese modo le pudiese devolver la vida.-

-Inmediatamente llegó el asesino y con falsa compunción me dijo:…”lo lamento, pero ustedes sabían que aquí hay que respetar protocolos para ingresar, lo confundí con un agresor desconocido”.-

– Entonces hizo un gesto a los guardias que acudieron en tropel ante el disparo, y me lo arrancaron de los brazos y lo llevaron hasta el lugar donde colocaban a los muertos como si se tratase solo un trozo de carne que había que enterrar antes de que se corrompiera..

-Quede desolado, desde entonces he andado desamparado; sin su contención me siento frágil como cuando era niño y sin su sabiduría a veces la vida se me hace hostil y peligrosa.-

 

[i] Del Libro: Buscando el Yvy Marâeý con autorización de su autor.

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