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La sabiduría de Germino Uarte

  La nación Guaraní extiende su territorio a lo largo de América siguiendo sus humedales y principales cursos de agua; en el noreste de nuestro país y en territorio aledaño de países vecinos existen más de doscientos grupos reunidos en etnias diferenciadas pero unidas por la raza, la cultura, el lenguaje y la cosmogonía..

La sabiduría de Germino Uarte

En nuestro país mayoritariamente son los M’byá,  más de cien pueblos que alcanzan los casi treinta mil miembros; en los vecinos son los Paî Kaiowa, los Avá Nandeva, los Aché Tavyterâ y los Tupí, un conglomerado que hoy integran más de cien mil individuos.

La resistencia de sus valores es sorprendente si la miramos desde la feroz represión que siempre han sufrido, pero sobre todo antagónicos con los nuestros.

De hecho, aunque parezca inverosímil, en Paraguay hasta 1976 inclusive, a la etnia de los Aché Tavyterâ  no se los consideraba seres humanos sino ‘seres silvestres del monte’ y los ganaderos que les robaban sus tierras en la Cordillera de Amambay los cazaban con sus rifles en el monte vendiendo después sus niños en los pueblos cercanos para que fuesen usados como ‘criados’.

Los valores culturales de los Guaraníes son diferentes a los nuestros y para muchos observadores claramente superiores y evidentemente más permanentes; veamos porqué:

Nuestra cultura tiene solo dos mil años, desde la aparición del cristianismo; la de los guaraníes se pierde en los confines de la prehistoria, como evidencian en los grabados y litografías rúnicas  de Barrero Guaá, cerca de Gamarra-cué, un paraje situado en las cabeceras del arroyo Tagatiyá, en el departamento de Concepción, Paraguay, vestigios casi inexplorados pero que los científicos datan entre cinco y diez mil años de antigüedad.

Nuestra cultura fue evolucionando hacia un materialismo exasperante, sobre todo a partir de la Revolución Industrial a fines del siglo XVIII, mientras que la de los Guaraníes, mucho más antigua que la nuestra sobrevive hasta hoy sin propiedad privada, sin ganancia y sin acumulación.

Nuestra cultura ha desembocado en un desenfreno consumista que está terminando con los activos planetarios que han hecho posible la vida humana, mientras que la de ellos es compatible con la reproducción y sustentabilidad de dichos elementos.

Los Guaraníes deciden sus cuestiones en consensos logrados en asambleas democráticas y los disensos son saldados por los Consejos de Ancianos, quienes son los depositarios de los saberes y experiencias de toda la comunidad.     Cada grupo elije un cacique para administrar sus cuestiones cotidianas, quien no necesariamente es un anciano sino la persona más respetada por sus valores, carisma y decisiones. Y todos los grupos de la etnia M’byá se unifican bajo la autoridad del Consejo de Ancianos de la Nación M’byá-Guaraní.

Recordamos reflexiones de uno de ellos, Germino Uarte, ese es su nombre social, porque el verdadero nombre de los guaraníes les es impuesto por el Karai, luego de haber observado la impronta de su personalidad.    Ese nombre es secreto nunca se revela y solo conocido por quien lo detenta, el Karai que lo impuso y Ñanderu Guazú, el día que encuentre el Yvy Marâeý.

Germino tal nombre referencial, el de su documento; es el cacique de su grupo y también y por sobre todo un hombre sabio.

Hablar con él es fascinante,  su modo pausado, porque cuando lo hace debe traducir sus pensamientos del guaraní al castellano, con las dificultades que esto tiene porque su idioma es definitivamente más rico que la lengua de Cervantes y pleno de significados que aquella no tiene. Ellos manejan habitualmente, según los lingüistas, unos seis mil vocablos y nosotros ni la tercera parte.   Pero sobre todo por su sabiduría que impacta por su sencillez y profundidad.

La ciencia nuestra está basada en los registros, por la  necesidad mercantil de nuestra cultura de cobrar dinero por el uso de los conocimientos ajenos, la sabiduría guaraní carece de estas tribulaciones pecuniarias, los que la ejercen lo hacen por una autoridad que emana con sencillez y contundencia porque nadie en su raza afirmaría algo de lo que no esté ancestralmente seguro.

Germino explicaba su desconcierto cuando escuchaba hablar de que ‘había que salvar la naturaleza’.    El reflexionaba que la naturaleza no necesita de nosotros, que somos nosotros quienes la necesitamos en condiciones de vivir en ella, cosa que estamos aniquilando.

La naturaleza cambia siempre, todos los días es diferente al anterior, y puede haber vida o no en el planeta, para la naturaleza será solo un estadio más en su evolución permanente, con seres humanos o sin ellos.

Nosotros necesitamos que permanezcan ciertas características de ella que han hecho posible la vida humana, para ella es indiferente que esto ocurra, cualquier etapa que sobrevenga será ‘natural’ para el planeta.   Aunque ya no quede ninguno de nosotros para confirmarlo.

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